martes, 6, diciembre, 2022
CubaOnLine

Esta pequeña localidad jujeña guarda una parte de la historia del Noroeste argentino, que se completa con un paisaje incomparable.

CORRESPONSAL EN EL NORTE

Su nombre no es de los más conocidos en la Quebrada de Humahuaca, aunque de a poco va sonando cada vez más. Uquía es, como la mayoría de los pequeños pueblos de la zona, un remanso de paz, donde la vida pasa envuelta de colores tierra y a paso lento. Es realmente chico, apenas unas 500 personas habitan este rincón del mundo, enclavado unos pocos kilómetros antes de llegar a Humahuaca, casi al lado de la ruta.

Allí, la blancura de la iglesia San Francisco de Paula contrasta con las tonalidades marrones que la rodean. Hay que tener suerte para encontrarla abierta. Su interior deslumbra sin anestesia. El altar mayor del siglo XII, tallado en madera y dorado a la hoja, refulge con humildad imponente. Las paredes rústicas están adornadas por los espléndidos cuadros de los Ángeles Arcabuceros, pinturas realizadas en el siglo XVII por indígenas de la Escuela Cuzqueña. Un tesoro inesperado.