jueves, 13, mayo, 2021
CubaOnLine

La Ecovilla de San Mateo, ubicada en Costa Rica, es un paraíso autosustentable que se convirtió en un destino turístico ideal para conectarse con la naturaleza y con uno mismo.

Para muchos turistas, las vacaciones no sólo significan disfrutar del aire libre, conocer lugares nuevos o descansar. Si bien son factores importantes al momento de tomarse unos días lejos de la rutina y las actividades cotidianas, emprender un viaje tiene como objetivo desconectarse de la realidad (en el sentido más literal de la palabra), sobre todo después de un año en el que la pandemia mantuvo a la sociedad mundial encerrada durante un largo tiempo.

En ese sentido, los destinos centroamericanos, en los que la naturaleza, las playas y la vida al aire libre están en su mayor esplendor, se muestran como los más adecuados si lo que se quiere es trasladarse lejos para despejarse. En Costa Rica, particularmente, existe una pequeña localidad poco explotada turísticamente en la que el relax, la aventura y sobre todo la conciencia ambiental se convierten en ingredientes clave en el estilo de vida de sus pobladores.

En contexto

La Ecovilla de San Mateo alberga actualmente a 44 familias que generan sus propios recursos para subsistir. Se trata de un paraíso autosustentable creado por un argentino y devenido en un destino turístico emergente y poco convencional.

Cabe mencionar que Costa Rica es un país que cuenta con una gran variedad de atractivos para el disfrute de grandes y chicos, entre ellos, la posibilidad de volar entre verdes montañas, surfear en las mejores playas del Pacífico, realizar caminatas en las que se puede encontrar animales selváticos o, incluso, conectarse con el “Yo interior”: Además, ofrece una variedades de paisajes que parecerían estar sacados de una obra de arte, con múltiples actividades al aire libre, una oferta gastronómica diversa y una energía singular que da lugar a un replanteo sobre el tipo de vida que se lleva en la ciudad. En una nación que se caracteriza por contar con una de las poblaciones más felices del mundo se encuentra esta innovadora Ecovilla, un lugar en el que todo es reutilizable; la economía es colaborativa y tiene reglas claras; y, quien quisiera, podría trabajar a la par del resto del mundo a través de internet, a pesar de tratarse de un sitio que se encuentra alejado de la urbanización.

El terreno posee 17 hectáreas, de las cuales más del 70% corresponde a reservas, plantaciones y cultivos y en el 30% restante se construyeron 44 casas diseñadas para ser sostenibles en el tiempo e integradas con el ambiente. Además, su población se conforma por ciudadanos de 27 países, que ejercen sus profesiones desde la misma Ecovilla, tales como ingenieros en sistemas o médicos y psicólogos virtuales. Si bien el lugar se caracteriza por la “vida slow”, su comunidad no se encuentra totalmente desconectada del mundo, están vinculadas con la naturaleza sin dejar de lado la tecnología y el confort.

En la Ecovilla todo es autosuficiente, cuentan con todo lo que se necesita para abastecerse y subsistir: jardines de permacultura orgánicos, sistemas de recolección de agua de lluvia y de sus ríos, eficiencia energética a través de paneles solares y de un biodigestor que transforma aguas negras y grises en electricidad. Además, cuenta con una huerta orgánica que solventa la demanda interna del barrio.

Un viaje distinto

Para quienes deseen visitar la Ecovilla de San Mateo y pasar unas vacaciones diferentes, hay casas que se pueden alquilar a través de las plataformas digitales. Las instalaciones están diseñadas para recibir viajeros y hacerlos sentir como en casa: dentro del barrio es posible encontrar una piscina de natación rodeada de naturaleza, caminar por una huerta comunitaria y recorrer los senderos estratégicamente ubicados.

Además, tanto durante el día como al anochecer, los pobladores de esta pequeña comunidad organizan actividades recreativas como yoga, meditaciones, clases de baile, capoeira y charlas variadas en un espacio común que denominan El Rancho, lugar en el que incluso, algunas veces, se arman fogones. Cabe mencionar que el modelo turístico costarricense ya de por sí se contrapone a la tradicional actividad en masas, es por eso que se suele caracterizar al país como una verdadera capital del turismo slow en el mundo. Su particularidad más relevante es que ha sabido combinar la naturaleza con la faceta social y financiera para crear productos diferentes a los habituales.

El objetivo del país es desacelerar la experiencia de aventura con la que en tiempos anteriores se lo solía relacionar aportando al viajero un elemento vivencial en las diferentes comunidades para que, apoyado en la inmersión en la naturaleza, el visitante pueda entrar en contacto con la idiosincrasia costarricense.