lunes, 26, julio, 2021
CubaOnLine

Magui Bravi, actriz, bailarina y conductora de televisión, habló con Mensajero Plus sobre sus experiencias en el exterior, rememoró su rol como azafata y recordó su paso por el programa de turismo Clave Argentina.

– ¿En qué momento de tu vida estás?
– Estoy súper contenta en lo que respecta al ámbito laboral. Hace tiempo que estoy haciendo cine, que es lo que más me gusta hoy en día. Actualmente, estoy en pleno rodaje de La forma del bosque, una película de Black Mandala Films. 

Recientemente, estrenaron El juego de las cien velas en muchos lugares del mundo, como por ejemplo en Ucrania y Camboya, por citar dos países de tantos. Viajé a México, Uruguay, Alemania y Estados Unidos, así que me pone muy feliz. Es un sueño, una meta que por suerte pude cumplir.

– ¿Y el teatro? ¿Vamos a volver a ver a Magui Bravi arriba de las tablas?
– Hace un año que no estoy trabajando, lo último que hice fue Sex, de José María Muscari. Cuando la obra pasó al ámbito virtual, yo ya no formaba parte del elenco. Por ahora te puedo adelantar que hay un proyecto que va a terminar siendo un streaming y se relaciona un poco más con el baile, lo primero por lo que me conocieron.

– ¿Qué balance podés hacer del 2020?
– Fue un año muy difícil. Estoy muy agradecida porque el hecho de filmar una película de terror como en el año del coronavirus. Por otro lado, no paré nunca de hacer televisión.

– ¿Qué fue lo que más te costó?
– El tema de mi familia y mis amigos. Son los más importantes de la vida y no pudimos estar en contacto prácticamente. Suelo estar cerca de cada uno de ellos siempre y no poder verlos fue muy triste. Agradezco haber tenido trabajo, porque sino creo que me iba a terminar volviendo loca. Todo lo virtual está buenísimo, pero de alguna manera nos volvemos más ermitaños. Es otra vida.

– ¿Cómo surgió tu vocación por la danza?
– Comencé a bailar a los cinco años en el Teatro Argentino de La Plata. Mi mamá me llevó ahí porque no sabía qué hacer conmigo, me la pasaba saltando y corriendo todo el tiempo en mi casa. La primera semana me la pasé llorando, pero a partir de la segunda ya no podían sacarme del estudio. Recuerdo que me quedaba en las clases de los más grandes. El baile se transformó en mi primera pasión.

– ¿Qué te motivó a volcarte a la actuación?
– Siempre supe que la bailarina tenía una fecha de vencimiento. Soy muy perfeccionista y sabía que tenía que seguir aprendiendo. Antes miraba a la actuación como una herramienta adicional, pero después noté que tenía cada vez más lugar en mi vida, con la aparición de proyectos teatrales que implican que me siga preparando.

– ¿Cómo llegaste al curso online con Natalie Portman?
– En realidad era una Master Class de muchos capítulos. Uno de los requisitos es saber inglés. Trato de aprovechar cada oportunidad para seguir aprendiendo y apostando por mi formación.

– ¿Cómo fueron tus primeros viajes?
– En la época del 1 a 1 fue mi primer acercamiento a los aviones. Siempre sentí mucho amor por viajar. En un momento dejé el baile y me dediqué a volar. El avión es mi segunda casa.

– ¿Qué podés contarme sobre tu experiencia como azafata de cabotaje?
– En su momento trabajé para la compañía LAN, fueron tres años muy lindos. Yo me sentía más cómoda en el aire que en cualquier otro lugar. Incluso hoy, cuando tengo que volar, siento mucha alegría porque es una sensación muy placentera.

– ¿Cómo te definirías como azafata?
– Es importante resaltar que ninguna trabaja solamente para servir bebidas a los pasajeros. Eso es lo que muchos creen, pero nadie imagina la preparación que tienen las azafatas. Recuerdo que hice un curso muy difícil porque, por ejemplo, te hacen ir a un lugar determinado, después tenés que armar una balsa, te enseñan cómo sobrevivir, aprendés absolutamente todo sobre primeros auxilios y demás. Mi recomendación para los pasajeros es que, cuando se suban a un avión, saluden y peguen buena onda con las azafatas, porque son las que se van encargar de que sobrevivan si llega a pasar algo malo.

– ¿Recordás alguna situación graciosa a bordo?
– Fui azafata de muchas personalidades con las que después trabajé en el medio. Lo más divertido es que seguramente ellos no lo saben. Hay anécdotas de todo tipo, desde gente que tiene miedo a volar hasta situaciones puntuales más embarazosas.

– En 2016 comenzaste a conducir Clave Argentina por la pantalla de Canal 9. ¿Qué podés contarme respecto de la experiencia?
– Fue el broche de oro después de ser azafata de cabotaje, porque cuando volaba yo me quedaba en el destino un día como máximo. Nunca llegaba a conocer a fondo las provincias. Por suerte, con Clave Argentina pude recorrer todo el país y hablé con gente de todas las regiones. El programa buscaba mostrar la cultura, la gastronomía y todo lo que hay para hacer. Incluso los pueblos originarios son de gran importancia para nosotros, por toda la magia que hay en Argentina. No hace falta irse a ningún otro lado, acá tenemos absolutamente todo.

– ¿Cuáles fueron las provincias que más te sorprendieron?
– Creo que La Rioja. Fui con una expectativa baja y quedé fascinada. Es uno de los lugares más hermosos que tenemos. Talampaya es impresionante. Por otro lado, tengo un amor especial por Jujuy. Las Salinas Grandes son mi perdición, nunca había vivido algo así. Es un desierto de sal, todo blanco, con unos piletones turquesas fantásticos. Es un paraíso que me cambia el estado de ánimo cada vez que voy, iría una y mil veces más.

– Arrancaste el año con un viaje a México. ¿Qué sentiste al volar en una realidad totalmente diferente?
– Fue un estrés total. Obviamente cumplí todas las recomendaciones desde que entré al aeropuerto. Me tomaron la temperatura. Hay que completar una declaración jurada y son muy exigentes al momento de mantener la distancia social. El barbijo debe estar puesto en todo momento. El servicio de la comida es diferente, todo viene empaquetado para que las azafatas toquen lo menor posible. Hasta que no se normalice todo, será la única manera de viajar.

– Grecia y Tailandia. ¿Qué recordás de tu paso por esos países?
– Son mis destinos favoritos. Los recorrí cuando era azafata, fui con mi grupo de amigas tripulantes de cabina y fue una experiencia increíble. Para mí, son dos países paradisíacos. Tienen playas espectaculares y es todo muy diferente. Sentí una magia muy especial.

– ¿Y tu viaje a Rusia?
– Fui con mi novio y de entrada me sorprendió la cultura. Justo viajé para la época de las Noches Blancas, eso quiere decir que, por ejemplo, el reloj marca las 11 de la noche y todavía es de día. Por momentos, el cuerpo te pregunta qué está pasando y por qué hay sol. Era la hora de dormir y nunca se hacía de noche. Son viajes inolvidables.

– ¿Te gustaría bailar en la Plaza Roja de Moscú?
– Cuando era muy chiquita, mi meta era el Teatro Colón. Soñar con bailar en el Bolshói o en el American Ballet era casi inalcanzable, porque hay que tener un nivel que no existe prácticamente.

– ¿Qué podés contarme sobre tu paso por España, en 2013?
– En realidad, trato de averiguar si hay escuelas de baile o actuación en cada destino que visito para tomar algún curso o clases particulares. En ese momento mi novio estaba viviendo en Barcelona así que lo fui a visitar y aprendí otras disciplinas como danzas contemporáneas, por ejemplo.

– Viajaste a Nueva York para perfeccionarte en zumba y street jazz. ¿Qué te sorprendió de la ciudad?
– Es fantástica. Fui re canchera, recién llegaba a la final de Bailando por un Sueño y me encontré con nenas de 13 años que sobresalían en el Broadway Dance Center. El nivel y la técnica de ellas incluso eran superiores al de bailarinas más grandes.

– ¿A qué destinos soñás viajar?
– Me gustaría volver a Londres. Fui cuando era muy chiquita y los recuerdos son muy lejanos. Quisiera ir con mi papá, que es muy fan de The Beatles. También quisiera conocer Bora Bora, es una playa impresionante a la que es casi imposible acceder por una cuestión económica.

– ¿Cuál es tu lugar en el mundo?
– Argentina, aunque hay algunas ciudades como Barcelona, Nueva York o París a las que elegiría tranquilamente para radicarme por un tiempo determinado.

– ¿Qué actividades te gusta hacer en un viaje?
– Tengo una contradicción. Por momentos prefiero recorrer las ciudades sola, aunque admito que suelo participar en los tours grupales típicos. Según cómo esté de humor, trato de organizar todo para conocer cada destino a fondo.

– ¿Sos de animarte a probar las comidas típicas de cada región?
– Me animo a degustar cualquier plato, salvo que algo realmente me de mucha impresión. Soy bastante miedosa con los bichos. Lo vi a Marley muchas veces comiendo de todo en sus viajes y no sé cómo hace.

– De acuerdo a tu cultura fitness, ¿sos de respetar la dieta o te das algún “gustito” en los viajes?
– En general cumplo con todas las comidas y trato de no irme de tema con las frituras. Cuando hacía Clave Argentina comía de todo, justamente porque la gastronomía era una de las secciones del programa. No tengo restricciones para un almuerzo o una cena. El helado es helado en todo el mundo, no va a ser más dietético en alguna región puntual del mundo.

– Cuando armás la valija, ¿qué es lo que tenés que llevar sí o sí?
– No soy muy fan de hacerlas, de hecho me ha pasado de tener que ir a un aeropuerto y a una hora de salir el vuelo ni siquiera la había armado. ¡Soy un desastre! Siempre me olvido algo. Nunca termina de entrar todo el equipaje. La valija no es mi arte y cada vez que llego a un destino digo “¿por qué no traje esto?”. Es más, a veces ni siquiera me llevo abrigo y después me agarra frío, o viceversa, porque no fui capaz de ponerme una malla, tal vez. Lo que no me pueden faltar son mis cremas, es un ritual único.

– ¿Viajaste en un crucero alguna vez?
– Navegué en unos barcos en Grecia para ir de una isla a otra en recorridos de algunas horas, pero nunca estuve en un crucero de quince días. Es una experiencia que tampoco me vuelve loca.

– ¿Considerás que el turismo es importante para nuestro país?
– Sí, es fundamental. Creo que debería tener más publicidad y habría que ponerle más “onda” como para que venga gente de afuera. Tenemos un país increíble que no se remite solamente a Cataratas del Iguazú y Bariloche. Argentina cuenta con miles de atractivos para conocer. Gracias a Dios pude viajar por todo el mundo y puedo asegurar que no tenemos nada que envidiarle a ningún otro país. Estaría bueno que el turismo emisivo y receptivo pueda fomentarse cada vez más.