domingo, 28, febrero, 2021

Ourense es la meca del turismo de bienestar y además es la puerta abierta a un destino que invita a disfrutar del relax a través de los cinco sentidos. Un recorrido lleno de placer por esta ciudad española ubicada en el sureste de Galicia.

El termalismo en Ourense tiene más de dos mil años de historia y comienza en los manantiales de As Burgas. Los primeros pobladores romanos levantaron allí edificios para el culto y disfrute de estas aguas, iniciando una tradición que llega hasta nuestros días. Las fuentes termales de As Burgas son uno de los espacios más emblemáticos y queridos en la ciudad, directamente ligado a sus orígenes. Aquí nacería la antigua Aquis Aurienses aguas de oro, un asentamiento romano formado alrededor de estos manantiales mineromedicinales que hoy continúan manando a más de 60° C en el corazón del Centro Histórico.

Visitarlas es imprescindible para conocer la historia de Ourense y entender su íntima relación con las aguas: tocarlas y sorprenderse, descubrir sus misterios en el Centro de Interpretación y disfrutar de un baño en su piscina termal, prácticamente de la misma forma y en el mismo lugar que la de los antepasados romanos hace dos mil años.

Desde que existe presencia humana en el valle, estos manantiales han sido aprovechados con fines medicinales, religiosos, lúdicos y prácticos de muy distinto tipo. Aunque antes de la romanización es seguro que los moradores de los poblados vecinos los conocían y usaban, no será hasta la llegada de las primeras legiones que la zona de As Burgas empieza a desarrollarse, construyéndose edificios dedicados al mundo del agua. Las excavaciones arqueológicas han exhumado vestigios de una piscina-santuario del siglo I d.C. y numerosas piedras votivas que hacen referencia a una divinidad indígena: Revve Anabaraego, morador de los manantiales y responsable de sus propiedades terapéuticas. Los nombres grabados en las aras proceden de distintos lugares del occidente romano, lo que indica que As Burgas fue un centro de peregrinaciones en la antigüedad, y uno de los santuarios indígenas más importantes de la península.

Con el tiempo, los romanos, que eran grandes aficionados a las aguas termales, construyeron junto al santuario una balnea- casa de baños donde se reunirían para discutir sus asuntos cotidianos al mismo tiempo que se relajaban en las reconfortantes aguas-. Vestigios de ambos edificios, que convivieron en el tiempo, pueden visitarse hoy en los jardines del Centro de Interpretación.

La traza actual de As Burgas, declarado Sitio de Interés Cultural en 2007, obedece a un largo proceso de obras y reformas llevadas a cabo recientemente, y que hoy permiten disfrutar de este espacio en su plenitud: un punto de encuentro con la historia y la memoria de Ourense y una experiencia termal diferente que sorprenderá y enamorará. Por su parte, el Paseo termal del Miño lo forman cinco kilómetros de senda verde y peatonal que concentran hasta siete espacios termales, muchos de ellos acondicionados para el baño. Allí, los pasajeros podrán descansar y relajarse mientras disfrutan de un baño en plena naturaleza, sea invierno o verano. Se trata, sin duda, de una de esas cosas que no se pueden perder en su visita a Ourense.

Este gran parque termal se extiende a lo largo de las riberas del río Miño a su paso por Ourense. En su conjunto, los márgenes fluviales son la gran arteria verde de la ciudad: varios kilómetros de exuberante vegetación por los que pasear, correr o ir en bicicleta mientras se admira la naturaleza y el paisaje.

En lo que respecta al Paseo termal, este discurre por la orilla derecha del río y arranca a pocos metros del Puente del Milenio. En la zona de A Chavasqueira se encuentra el primero de los espacios termales y el más próximo al centro urbano. Aquí, si el nivel del río lo permite, se puede disfrutar de un relajante baño al aire libre en las termas de acceso gratuito. También se trata de una zona perfecta para tumbarse a tomar el sol. El Paseo termal del Miño continúa hasta la fuente de O Tinteiro, un manantial muy querido y apreciado por la vecindad por sus propiedades para el cuidado de la piel. La fuente se encuentra sobre una plataforma mirador sobre el río y es un buen lugar desde el que observar las aves que han hecho del Miño su hogar.

Una caminata de algo más de 2 kilómetros llevará a los viajeros hasta Muíño da Veiga, con sus cuatro piscinas y sus magníficas puestas de sol. El lugar también es accesible en coche, ya que cuenta con un estacionamiento en las inmediaciones. Un poco más adelante, las Termas de Outariz ofrecen tratamientos de belleza, saunas y dos circuitos termales a precios muy competitivos. Justo antes de la pasarela que cruza hacia la otra orilla se encuentran con las piscinas de Outariz y Burga de Canedo, el mayor centro de actividad termal de uso gratuito en Ourense. En la orilla opuesta, continua la ruta por el Paseo de las Ninfas, donde aparecerá la última parada, la fuente de Reza.

Los espacios termales junto al Miño tienen un acceso exclusivamente peatonal. Existen zonas cercanas de estacionamiento habilitadas, aunque la mejor solución es subirse al Tren de las Termas.

Recomendaciones

Si van con niños hay que tener en cuenta que como normal general, no está permitido el baño a menores de 5 años. En cualquier caso, nunca se recomienda para menores de 7 años. Con los más grandes es necesario extremar las precauciones, por lo que el baño termal no debería superar los 10-15 minutos de duración.

Las instalaciones termales de Ourense son espacios de baño diseñados para la relajación, por lo que existen una serie de normas de convivencia que es importante conocer y respetar. Por ejemplo, no se admiten mascotas. Si van con su perro, en las orillas del río Miño disfrutarán mucho más en las zonas verdes. En Outariz tienen, además, un espacio destinado para ellos donde descansar a la sombra. Si hay algo que tener en cuenta es dejar a un lado el teléfono móvil, aparato de música, cámara de fotos, etc., y mantener un tono de conversación moderado por el cual no molestarán a los demás usuarios y todos disfrutarán más del baño. Son termas, no piscinas: no están pensadas para nadar ni bucear, tampoco para hacer aguadillas o salpicar.

Con respecto a los tiempos de baño, no deberían superar los 30 minutos. Es bueno intentar hacer pausas y, si son valientes, contrastes con agua fría, ojotas y toalla, ya que es necesario acudir a estas instalaciones con ropa adecuada. En todas existen vestuarios a disposición de los bañistas para guardar las pertenencias cómodamente. También sería ideal consultar al médico antes de acudir a las instalaciones, y hay que tener en cuenta que, tanto por composición mineral como por su elevada temperatura (entre 30º y 42º C), las aguas termales de Ourense son un recurso medicinal.

Además hay que respetar los tiempos de la digestión antes del baño y evitar la exposición prolongada al sol. Un consejo es siempre tomar una ducha para preparar la piel para el baño: no sólo eliminarán restos de cremas y demás productos que pudieran “contaminar” el agua, sino que así absorberá mejor sus minerales y propiedades.

Finalmente, descansar siempre después del baño e hidratarse bebiendo líquidos. Aunque no lo parezca, las altas temperatura del agua aceleran el metabolismo y cansan el cuerpo.

De tapas y pinchos

El placer puede vivirse de múltiples formas, una de ellas es la gastronómica. Si hay un lugar en Ourense donde la gente confluye de forma natural, en las noches de fin de semana, sin duda son Os Viños, en el Centro histórico: la zona de tapeo por excelencia en la ciudad. Este conjunto de calles, unidas en un extremo por la Plaza del Hierro y que terminan en los alrededores de la Catedral, concentra gran número de bares, restaurantes y tabernas donde disfrutar de la gastronomía y la tradición vinícola de Ourense, compartiendo pinchos, raciones y cantigas en buena compañía. Aunque cada vez se encuentran más propuestas de mesa y menú a la carta, lo más tradicional sigue siendo probar bocados a pie de barra en paradas cortas: como manda la tradición, un pincho, un bar. La escena hostelera de la ciudad goza de excelente salud, con nuevas propuestas surgiendo cada día, lo que hace difícil detallarlas todas. Sirva este itinerario como botón de muestra para guiar al visitante, sugiriendo las zonas más concurridas y algunos de los locales de más larga trayectoria… pero ni mucho menos los únicos.

La ruta comienza en la Plaza del Hierro, entrada natural al centro histórico, centrada por una hermosa fuente y con terrazas siempre animadas. Aquí se ubica todo un clásico, el Bar Orellas, templo dedicado al cerdo tanto en su carta como en la decoración del local. Deben probarse su oreja de cerdo y la cachucha prensada. Merecen una mención las patatas 3 Salsas y los calamares de O Eironciño. Bajo los soportales de la plaza, destaca la Taberna do Meigallo, con una bonita terraza interior ideal para disfrutar de su comida casera en las noches de verano.

Subiendo desde la plaza por la calle Viriato se encuentra el Bar Fuentefría, famoso por sus anchoas y ahumados. Justo enfrente, A Casiña do Pulpo, ideal (ya lo indica el nombre) para adentrarse en la suculenta tradición tan ourensana del pulpo á feira. Bajando la empinadísima calle San Miguel desde el Hierro emerge en primer lugar el Pingallo, restaurante donde también es posible disfrutar de raciones en su barra. Acto seguido, el Asador de Roa, cuyo cochinillo le ha dado nombre; Casa Toñita, donde hay que probar los huevos rotos; y el Restaurante Gastro Bar San Miguel, uno de los establecimientos históricos de la ciudad hoy completamente renovado y con singulares propuestas de pinchos y carta. Completan la concurrida oferta de esta calle La Brava, el Monterrey y el Mesón de María Andrea, otro local con solera ubicado en un hermoso pazo del siglo XVI magníficamente restaurado. Eironciño dos Cabaleiros, por su parte, es una pequeña plaza apartada de las calles más bulliciosas de los alrededores abundan las terrazas de sus muchos locales, siempre concurridas. Entre otros, aquí dispone sus mesas el Mesón O Queixo, un histórico de la ciudad que ha apostado por la cocina más tradicional y donde sirven un cremoso queso gallego de altura. Recientemente se ha instalado aquí otro clásico, el Rey del Jamón, y su pincho completo: una sabia combinación de tortilla, croqueta y panceta;

Paralela al Eironciño por arriba, se encuentra esta hermosa calle presidida por el Teatro Principal, que enfrente tiene el bar Xes, donde es obligatorio probar sus clásicas empanadillas; siempre tiene buen ambiente los días de función. A su lado encontramos otro Orellas, hermano del local en la Plaza del Hierro.

Finalmente, en Calle Lepanto se encuentra el eje central de Os Viños; en esta calle en cada puerta hay un bar, por lo que será difícil elegir. Desde la plaza del hierro hasta la Puerta Norte de la Catedral están los pinchos de inspiración vasca de O Barallete, A Saia da Carolina, O Comelló, O Pote y O Enxebre, con sus populares tostas, todos con sus concurridas terrazas, especialmente en las noches de verano.