viernes, 4, diciembre, 2020

En una entrevista con Mensajero Plus, Horacio Elizondo, ex árbitro internacional, sacó a relucir su faceta viajera y recordó la histórica expulsión a Zinedine Zidane en el Mundial de Alemania 2006.

– ¿En qué momento de tu vida estás?

– Vivo un presente muy importante e interesante. Más allá de mi rol como director del Departamento de Árbitros de la Asociación Paraguaya de Fútbol, disfruto de un aprendizaje muy noble y constante de otra cultura, con un público que piensa, siente y reacciona diferente. Reconozco que extraño un poco a mi familia, aunque voy a ver si a fin de año pueden venir para acá a instalarse definitivamente conmigo.

– ¿Cómo definís tu presente laboral?

– Ya llevo un año y medio aquí como responsable del arbitraje en Paraguay. Es algo fantástico porque es un desafío muy grande y más al tratarse de un país que no es el mío. Por suerte, se está cambiando un poco el paradigma de acuerdo a las decisiones que deben tomar los referís y es algo que me hace sentir muy bien.

– Un episodio por el que serás recordado es la expulsión a Zinedine Zidane en la final del Mundial de Alemania 2006, luego de darle un cabezazo a Marco Materazzi. ¿Qué sentiste en aquel entonces?

– En el momento de la expulsión nada puntualmente. Simplemente traté de cumplir mi función como en cualquier otro partido y me tocó tomar decisiones, como por ejemplo el penal a favor de Francia a los 5 minutos de iniciar el encuentro. Recuerdo que Zidane pateó sutilmente la pelota, impactó contra el travesaño, rebotó detrás de la línea del arco y salió hacia el campo. Yo hice lo que tenía que hacer y cobré un gol que fue legítimo. Expulsar a un jugador era exactamente lo mismo. Yo entraba a la cancha con la consigna de hacer mi trabajo de la mejor forma posible y trataba de tener una frialdad absoluta para estar enfocado y concentrado durante los 90 minutos.

– Fuiste el árbitro que más días estuvo en Alemania. ¿Pudiste hacer algo de turismo?

– Es cierto, junto con el cuarto árbitro, el equipo de soporte y el suplente fuimos los que más tiempo estuvimos allá. Por suerte no estaba solo, éramos varios. Yo ya había estado en Alemania, porque tres años antes había empezado a trabajar de cara a la Copa del Mundo. Tuve la posibilidad de participar en varios seminarios, workshops, pruebas médicas y físicas así que viajaba cada tanto para allá. Luego de la final me quedé un par de días con mi esposa para mostrarle ese país tan maravilloso.

– Pudiste dirigir en las Eliminatorias para las Copas del Mundo de Francia 1998, de Corea-Japón 2002 y de Alemania 2006. ¿Qué tipo de planificaciones hacías al momento de preparar cada uno de los viajes?

– Los preparativos para un Mundial arrancan en una primera fase con las Eliminatorias. Es algo muy lindo porque podés recorrer distintos países y cada uno de ellos arma absolutamente todo para los partidos que se aproximan. Muchas naciones están conectadas y atentas a ver cómo les va a sus selecciones. Incluso te diría que es una cuestión de Estado porque el objetivo es dejar todo preparado de cara a ese evento.

– ¿Es difícil para un referí hacer turismo en su propio país? Imagino que, de acuerdo a los fallos arbitrales, no debe ser fácil cruzarse con los hinchas más “pasionales”…

– No, para nada. Un árbitro es como cualquier otra persona. Por suerte se puede hacer turismo, salir de compras, ir al cine o ir a comer a un restaurante. Es lindo caminar por la calle y encontrarse con la gente. A mí siempre me trataron bien y jamás tuve una situación complicada, al contrario. Nunca falta algún desubicado pero son episodios muy aislados. Es gratificante cuando el público te reconoce y se pone a hablar con vos.

– ¿Creés que el fútbol es un factor fundamental en lo que respecta al turismo?

– Sí, por supuesto. El deporte en sí como espectáculo y evento moviliza muchísimas personas por todos los atractivos que hay alrededor. El fútbol es una sinergia muy importante para el turismo.

– ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando pensás en un viaje?

– Viajar para mí significa conocer otras culturas, aprender sobre otras formas de vida, ver los encantos que hay en distintos destinos e interiorizarme acerca de las diferentes opiniones de los habitantes respecto a sus propias tierras y comidas, por ejemplo. Sin dudas, viajar amplía la visión de nuestros pensamientos. Un viaje suele ser muy nutritivo mental y emocionalmente, con un aprendizaje constante.

– ¿Cuál fue el viaje que más te gustó hacer a lo largo de tu carrera como referí?

– Hay muchos que disfruté. Tuve la posibilidad de conocer distintos destinos como Ushuaia, Río Grande, Salta, Jujuy, Río de Janeiro, Cartagena, Barranquilla, Montevideo, California, San Francisco, México, Honduras, Holanda, Alemania, Italia, España, Portugal, Emiratos Árabes y Qatar, entre otros. No puedo quedarme con una sola experiencia porque me gustaron todas.

– ¿Qué recordás de tu paso por Qatar?

– En 2006 me contrató la Federación de Fútbol de Qatar para dirigir durante un mes y medio. Luego me ofrecieron extender el vínculo por toda una temporada y finalmente lo rechacé. Yo había tomado la decisión de dejar el arbitraje ese año, mi papá no estaba bien de salud y no quería perderme sus últimos años de vida, así que decidí quedarme en Argentina. Qatar es un país en el que abunda la riqueza y así lo demuestran los edificios, los hoteles, las marcas y los modelos de autos, al igual que las canchas de fútbol y de golf en lugares realmente imposibles. Hay mucho dinero concentrado y se ve reflejado en toda su estructura. Estos atractivos, su cultura y un mar paradisíaco lo definen como un país muy llamativo y encantador.

– ¿Hay algún destino al que verdaderamente le sacarías tarjeta roja?

– No, a ninguno. Además de los lugares que te comenté antes, viajé a Egipto, Sudáfrica, Guinea Ecuatorial y todos tienen su belleza y encanto.

– Si hay algo de lo que realmente sabés es de reglamentos. ¿Cómo imaginás que que serán los viajes de la nueva normalidad a raíz de la aplicación de los protocolos?

– Creo que va a ser algo similar a lo que nos toca atravesar hoy en día. La humanidad tiene que afrontar una pandemia y debe tomar todos los recaudos para garantizar la seguridad. Tenemos ser muy responsables en cómo nos cuidamos, en todo lo que hagamos y ser conscientes de lo que estamos viviendo. Creo que el turismo puede llevarse a cabo sin ningún inconveniente.

– ¿Cuál sentís que es tu lugar en el mundo?

– Hoy en día es Asunción. Es la ciudad en la que vivo y en la que me gusta estar. Me hace sentir bien y muy pleno. Por suerte encajé bien aquí. No elegiría un lugar por su belleza o por sus comodidades, sino por el estilo y la calidad de vida.

– Si hablamos de gastronomía, ¿sos de animarte a probar la comida típica de cada región? ¿O preferís ir a lo seguro?

– ¡Para las comidas soy terrible! No soy muy conservador en otros aspectos, pero para la gastronomía reconozco que sí. Siempre voy a lo seguro, aunque si tengo un poco de tiempo me animo a ir probando otras alternativas autóctonas propias de cada destino. Comí muchos platos deliciosos pero me sigo quedando con lo que a mí me gusta, no puedo salir de eso.

– ¿Considerás que el turismo es importante para Argentina?

– Me parece que es una actividad de suma relevancia para cualquier país del mundo. Por ejemplo, es una de las industrias más fuertes para España. Sin dudas que para nuestro país también lo es. Yo creo que todavía está en desarrollo, porque Argentina tiene un potencial mucho más grande. Si bien el mundo entero viene a visitarnos por su geografía y su diversidad de climas, me parece que aún debemos profundizar por la importancia que tiene.