viernes, 4, diciembre, 2020

Nasha Natasha es el resumen perfecto del amor y el respeto que los rusos tiene por Natalia Oreiro pero también es la excusa ideal para recorrer las joyas que tiene ese país, como el Museo Hermitage, el Teatro Bolshói y el tan venerado Transiberiano.

El 6 de agosto, Netflix subió a su plataforma el documental que una generación entera esperaba hace tiempo, Nasha Natasha. El film registra los momentos más importantes de la gira que la actriz y cantante uruguaya, Natalia Oreiro, realizó en 2014 recorriendo 16 ciudades rusas a bordo, nada más y nada menos, que del Transiberiano. Pero también reconstruye desde su Montevideo natal, hasta su llegada a Argentina, los puntos más importantes de sus inicios.
Este material audiovisual se estrenó por primera vez en el Festival de Moscú en 2016, en un corte de montaje treinta minutos más extenso.
Desde hace un par de décadas se sabe que República Checa, Israel y Rusia encabezan el top tres de los sitios en los que la protagonista es adorada a niveles insospechados.
Sin dudas, el furor comenzó con Muñeca Brava allá por 1998 y se extendió hasta nuestros días con cada estreno, ya sea musical o fílmico. Las canciones se roban gran parte de todo el film e incluso hay una escena en la que muestran como su público aprende a bailar un tema de Gilda, demostrando que el fenómeno es mucho más grande y la trasciende, lo que toca se transforma.

Otro punto relevante en la película son sus seguidoras que relatan con mucha emoción cómo esa figura les cambió la vida para siempre. Y puede sonar a exageración pero no, el amor va más allá de un fanatismo de esos que pueden ser típicos de la adolescencia. Para muchas rusas representó la posibilidad de conocer otra cultura, quizás no tan estricta como la educación que ellas habían tenido. “Todos piensan que los rusos somos duros, pero también somos sensibles. Y hasta ese momento no había en nuestra televisión una serie romántica que mostrara al personaje femenino principal como carismático pero también fuerte”, explica en el documental una de sus seguidoras.

Además, representó el punto de partida para que una gran parte de ellas comenzaran a adentrarse en la idiosincrasia argentina, tiempo después se enteraron de que en realidad la actriz es uruguaya, pero nada las detuvo, es más, este nuevo saber hizo incentivar aún más las ansias de saber qué era lo que pasaba de este lado del mundo, a punto tal que aprendieron español, algunas eligieron Argentina como su lugar para vacacionar y otras tantas se trasladaron definitivamente al territorio nacional.

La cámara del realizador Martín Sastre, la sigue minuto a minuto en cada instante de esta gira, lo cual le dio la posibilidad de captar situaciones absolutamente íntimas, como el reencuentro con su hijo en el final de la gira, las primeras semanas de extrañarlo o los nervios antes de cada función, así como el amor de sus fans en cada parada del recorrido.
Sastre se conoció con Oreiro en 2001 cuando él formaba parte del grupo artístico Movimiento Sexy, y como parte de una performance decidieron “festejarle” el cumpleaños a Oreiro en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires en 2001. No sabían si la agasajada estaba al tanto de la situación y mucho menos si iba a ir, pero la aparición sorpresiva de Oreiro marcó un antes y un después y el comienzo de una amistad que los llevó también a conformar una gran dupla laboral que además se vio reflejada con la filmación de Miss Tacuarembó en 2010, protagonizada por Oreiro y dirigida por Sastre.

Figura destacada
El documental se centra en Natalia Oreiro, sí, pero además hay otro actor central y es el transiberiano, dueño de los sueños de muchos viajeros y aventureros en todo el mundo.

Construido a principios del siglo pasado, “Transiberiano” en realidad hace referencia a toda una red de ferrocarriles tanto de carga como de pasajeros que conecta a la Rusia central con el Océano Pacífico. La ruta principal fue inaugurada en 1904 y es la que todos hoy conocemos como Transiberiano y que une a Moscú con Vladivostok, ciudad emplazada a orillas del Mar de Japón, en el Lejano oriente de Rusia. Son un poco más de 9 mil kilómetros los que constituyen este recorrido -ocho zonas horarias, una tercera parte de nuestro planeta, y un recorrido de casi 11.000 km a través de Rusia y Mongolia- y que le han valido el nombre del tren más largo del mundo.

El trayecto inicia en Moscú, una gran oportunidad para recorrer la Plaza Roja, el Kremlin o el Teatro Bolshói. En este último, Natalia Oreiro y todo su equipo fue agasajada con una función especial con los dos bailarines principales. Este sitio es posible visitarlo de dos maneras: comprando las entradas para acudir a alguna representación de ópera o ballet, o mediante una visita guiada. La palabra “bolshói” significa “grande” en ruso. Efectivamente, el teatro Bolshói es uno de los centros más grandes y significativos de la ópera y el ballet a nivel mundial. El edificio está situado frente a la plaza Teatrálnaya, en el barrio histórico de la capital de Rusia. El 28 de octubre de 2011 los espacios del teatro fueron reabiertos al público tras permanecer cerrado por restauración desde 2005.

El renovado Bolshói conserva la imagen exterior del edificio construido para la compañía imperial rusa en 1856, a cargo del arquitecto Albert Kavos, quien a su vez restauró la obra inicial del arquitecto Osip Bovet, concebida en 1821 y destruida por un incendio en 1853.

La majestuosa entrada de columnas de piedra caliza está coronada por una escultura de Apolo que dirige una cuadriga a galope. Piotr Koldt es el autor de la obra, uno de los símbolos más emblemáticos de la capital de Rusia, a tal punto que está reproducida en los billetes de 100 rublos.
“Aquí viajando en el mítico Transiberiano, es el trayecto en tren más largo del mundo. De Moscú a Vladivostok son 9000 kilómetros de distancia. Afuera la nieve, adentro la calidez de su gente. Y yo, haciéndome la contorsionista”, escribió la actriz uruguaya recientemente en su cuenta de Instagram en el pie de una foto en la que se la ve dentro del mítico transporte.

La artista hizo todas las paradas de este trayecto, aunque, por una cuestión de tiempos, algunas partes tuvo que realizarlas en avión.
Volviendo al recorrido, Kazán, situado en el río Volga, es otra de las escalas. Capital de Tatarstán, alberga la fortaleza del Kremlin de Kazán con sus enormes paredes, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una antigua ciudadela y una mezquita son la clara muestra de por qué es conocida por su vibrante mezcla de culturas orientales y rusas.
Casi la mitad de la población es de nacionalidad tatarstán, descendientes de mongoles que se establecieron aquí en el siglo XIV.

Siguiendo con el trayecto, se encontrarán con Ekaterimburgo, capital de los Urales. La ciudad fue fundada en 1723 por el Zar Pedro I como factoría metalúrgica. En el inicio del siglo XX ya era uno de los centros financieros, industriales y culturales más importantes de Rusia. Algunas opciones para quienes decidan bajar allí es visitar el centro de la ciudad y con especial énfasis en la Catedral de la Sangre Derramada que fue construida en el lugar donde el Zar Nicolás II y su familia fueron ejecutados por los bolcheviques en 1918.

Otro punto es Ganina Yama, que hoy es considerada por los rusos como un lugar sagrado. Un conjunto de pequeñas capillas de madera, construidas en los años 90 honran la memoria de la última familia del zar de la dinastía Romanov que fueron enterrados allí luego de ser asesinados.
Después de pasar por las llanuras del oeste de Siberia, se llegará a Novosibirsk al final de la tarde. Con su millón y medio de habitantes es la tercera ciudad más grande de Rusia y la mayor de Siberia. Luego será el turno de Krasnoyarsk, Irkutsk y el lago Baikal, entre otras. Para finalmente llegar a Vladivostok el final del recorrido pero el inicio de otra aventura. Allí podrán disfrutar de su paseo marítimo, que se presenta como una oportunidad para respirar el aire fresco del mar y socializar. El Banco de Puerto Deportivo es uno de los lugares más antiguos y populares para caminar o pasar tiempo con amigos. Hace décadas albergó los primeros baños públicos: las aguas de la bahía de Amur eran conocidas por su alta concentración de sal y, por tanto, por sus beneficios curativos. En 1953, la ciudad abrió una playa bien cuidada con estaciones de agua, varios solariums, campos deportivos y un complejo de diversiones. Desde entonces, este lugar ha recibido el nombre de Puerto deportivo o Puerto de bienestar. Hoy en día, los viajeros acuden al terraplén de Sports Harbour para pasar el rato en un acogedor café y disfrutar de las vistas al mar. Su principal atracción es una maravillosa fuente de luz y música que funciona los fines de semana y feriados.

El terraplén de Korabelnaya está convenientemente ubicado en el centro de Vladivostok. Hay numerosos monumentos, incluido el que rinde homenaje a la Gloria de la Flota del Pacífico, el Submarino S-56, un obelisco de 14 metros en forma de velas llenas de viento y el Arco del Triunfo de Nikolai (Arco del Príncipe Heredero Nicolás), en la vecindad inmediata del terraplén. Este es el lugar donde se fundó la ciudad: el suboficial Nikolay Komarov, con 28 soldados y dos suboficiales bajo su mando, aterrizó aquí en el barco de suministros Manchur para comenzar a construir la futura ciudad.

Por otro lado, el terraplén del Príncipe Heredero se inauguró en 2012 y se considera el “más joven” de Vladivostok.
En fin, esto es sólo una pequeña muestra de lo que se puede vivenciar en un recorrido tan deseado por tantos viajeros de todo el mundo y que, quizás, Nasha Natasha aparezca como la excusa perfecta para concretar ese sueño o por lo menos comenzar a idearlo.