domingo, 27, septiembre, 2020

Las innumerables playas con las que cuenta Mar del Plata la convierten en uno de los destinos tu rísticos más elegidos por los argentinos durante el verano. Sin embargo, en la estación más fría del año la localidad es tan atractiva como completa.

Cuando las coloridas sombrillas de los veraneantes dejan de colmar las playas y el frío se apodera de las calles, Mar del Plata pasa a mostrar una cara totalmente distinta a la que presenta durante la temporada estival, época de mayor apogeo para una de las ciudades más exitosas de la Costa Atlántica, en lo que a turismo refiere.

Es que aunque las condiciones climáticas ya no permitan andar en alpargatas (como rezaba aquella canción de la década del 70), el invierno le agrega a la ciudad de Mar del Plata un gusto muy particular. Lejos del típico monumento al Lobo Marino y de los 40 kilómetros de costa con sus tradicionales playas, como la Bristol, Varese y Punta Mogotes, La Feliz cuenta con un sinfín de actividades para que sus visitantes disfruten en cualquier momento del año.

La estrecha relación con la naturaleza, la historia portuaria y la gastronomía marina hacen de Mar del Plata un destino que tiene mucho para ofrecerle al turista en las vacaciones de invierno. Es por eso que, con campera y gorro de lana como principales compañeros de ruta, esta edición se presta para viajar y recorrer con la imaginación los principales atractivos de la Perla del Atlántico.

Un recorrido típico

Tanto el puerto como los clásicos artesanos representan uno de los paseos más representativos, así como los lobos marinos, las gaviotas y las embarcaciones componen un paisaje icónico de Mar del Plata. Lo pintoresco de este lugar comienza a vislumbrarse con los clubes deportivos, astilleros y el imponente Elevador de Granos, con la galería de embarque que transporta el cereal hacia los buques de carga, en su mayoría de bandera extranjera.

En la Banquina de Pescadores, el espectáculo típico del lugar se conforma por el colorido de las lanchas costeras y de media altura, los barcos y poteros. En esta zona, las calles interiores del puerto deben recorrerse a pie para acercarse a las embarcaciones desde las que salen excursiones marítimas y de pesca deportiva en altamar. Además, en el ingreso hay un pequeño centro comercial de venta de conservas en el que los visitantes pueden obtener pescados frescos y artesanías hechas con caracoles

Los turistas podrán conocer la famosa Reserva Faunística de Lobos Marinos, conformada por una colonia de machos de esta especie. En época de reproducción, los animales que habitan en el puerto migran a territorio uruguayo, poblado por una comunidad mixta. Tal es su importancia y el significado que tienen para la ciudad, que fueron declarados Monumento Natural de Mar del Plata por la Municipalidad de General Pueyrredon. Por su parte, el Barrio Puerto posee una identidad fuertemente definida, ya que combina tres elementos propios que lo hacen destacarse: la pesca, la influencia de los inmigrantes italianos y la religión.

El mar a puertas cerradas

En esta época del año, es entendible que los turistas más friolentos no quieran acercarse a la costa ni para sentir la arena en los pies. Es por eso que en la cima de la loma Stella Maris, a sólo 15 minutos de caminata partiendo desde el centro de la ciudad, existe un lugar moderno y didáctico que propone al viajero mostrarle la riqueza del ecosistema marino lejos del viento y las bajas temperaturas.

Se trata del Museo del Mar, un imprendimiento científico y cultural que enorgullece a la localidad. Sus creadores son sucesores de Benjamín Sisterna, un coleccionista que durante más de 60 años se dedicó a estudiar y recolectar caracoles. Como consecuencia de su labor y legado, el lugar exhibe, a modo de homenaje, una impresionante muestra de 30.000 caracoles, entre otros tesoros marinos con los que cuenta.

El museo se divide en diferentes niveles, con muestras señalizadas para que el visitante las comprenda y aprecie de manera completa. En la planta baja se ubica el nivel de encuentro, que cuenta con un gran mapa que describe cada uno de los sitios explorados por el coleccionista. Además, es posible visitar el auditorio y el café Gloria Maris, que está rodeado de acuarios y vitrinas que posicionan al público en un auténtico entorno marino.

Por otro lado, el nivel del nácar se subdivide en dos áreas. En la parte histórica se organizan exposiciones de arte contemporánea y muestras culturales que se centran principalmente en el arte local y regional. A su vez, en un nuevo sector del recinto se luce la mayor parte de la colección de caracoles, que están distribuidos en varias vitrinas y explicados de manera complementaria.

El siguiente nivel es el de las rocas, que consiste en una caverna inmersa en el agua con un estanque central habitado por pequeños organismos marinos y que está conectado con los acuarios de la primera sección. En el final del recorrido se encuentra el nivel del cielo, con un mirador interno que muestra la concepción integradora del mundo. Incluso, desde la terraza del museo se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.

Un poco de verde

Tan asociada está con el océano, que pocos turistas saben que en esta zona de la Costa Atlántica existen reservas forestales y naturales que ofrecen al turista la posibilidad de desconectarse del barullo del centro de la ciudad para adentrarse en la paz de un paisaje desbordado de vegetación.

Una de ellas es el Bosque de Peralta Ramos, ubicado en el sur de Mar del Plata, cerca de las playas de Punta Mogotes y el Alfar. Con sólo avanzar cien metros dentro de la reserva natural ya alcanza para dejar atrás el ruido de la vida urbana y recorrer parte de las 450 hectáreas en las que el sonido que se destaca proviene del canto de los pájaros. Además, el color verde que predomina en el lugar está sostenido en una gran cantidad de especies vegetales que incluyen nogales, robles, pinos y araucarias hasta algunos ejemplos más pequeños como magnolias o jazmines.

Sin embargo, lo que más llama la atención del bosque es que su población convive con la naturaleza y ha creado un ambiente ameno para recibir a los visitantes como si los estuvieran invitando a sus casas. Tal es así que los turistas pueden sentarse a merendar en alguna de las tantas casas de té que hay dentro del recinto.

Además, hay una feria artesanal en la que es posible comprar productos hechos por los vecinos y una zona de descanso provista de mesas y bancos. Incluso, en este lugar se presentan shows en vivo para todo tipo de público y una plaza para el entretenimiento de los más chicos. Un poco más alejada del centro se encuentra la Reserva Integral Laguna de los Padres, un apacible lugar para el descanso en contacto con

la naturaleza. Es además una zona muy concurrida por los amantes de la pesca, que realizan la actividad desde la costa o embarcados. Además, se puede practicar remo, canotaje y windsurf en sus aguas tranquilas. Esta área cuenta con centros recreativos en un entorno verde, con un bosque de araucarias y la Reserva Provincial El Curral.

Un gusto conocido

La primera bodega oceánica del país pertenece a la firma Trapiche y, si bien se encuentra en Chapadmalal, la cercanía con Mar del Plata la convierte en una visita obligada para los amantes del vino. Se trata de Costa & Pampa, un lugar que se levantó sobre terrenos ideales para que los viñedos crezcan bajo un clima húmedo y más frío que los de montaña. A partir de esas características, el producto final resulta ser más fresco y delicado, con una mayor complejidad aromática y un buen volumen.

El lugar está abierto al público y ofrece visitas en las que se puede conocer el proceso de elaboración, recorridos por los viñedos y degustaciones de sus variedades de blancos y tintos. En el primer caso, se incluye un espumante, ejemplares propios de la bodega y otros típicos de Mendoza; mientras que el segundo tiene como distintivo la cata de vinos emblemáticos que conmemoran el aniversario de Trapiche. Por otro lado, también se puede hacer un completo recorrido en bicicleta en el que la firma ofrece, además de ver el proceso de elaboración de los productos, conocer los campos aledaños a la bodega.