jueves, 6, agosto, 2020

Gerardo Romano, actor de cine, teatro y televisión, habló con Mensajero Plus sobre su relación con el turismo y analizó el presente laboral que atraviesa.

¿En qué momento de tu vida estás?
Estoy en la tercera edad, en medio de la pandemia, navegando las aguas de la menopausia (risas). Por suerte vivo un buen momento de trabajo, pero es poco productivo con este “bicho social y mundial” que es el coronavirus.

¿Cómo repercute en vos todo este tema del aislamiento?
En realidad lo vivo con cierta preocupación, angustia, desasosiego, incertidumbre. No poder establecer una relación nueva de ningún tipo implica cambios. Las situaciones se virtualizaron: los estrenos, las funciones de teatro, el sexo. Preocupa mucho no poder trabajar.Es un panorama un tanto “complicado” el que atraviesan los actores…
Sí, siempre lo vivimos así. Es una profesión que por momentos se relaciona con la desocupación. A veces los productores llaman a los representantes, negocian, hablan con el actor en cuestión y por momentos es complicado llegar a un acuerdo. Los actores son construidos por la mirada del otro. Al no estar presente ahora, uno muchas veces no sabe dónde está parado.

¿Cómo definís a tu presente laboral?
Era bueno hasta que se interrumpió totalmente por el COVID-19. Estaba haciendo teatro, con la sexta temporada de Un judío común y corriente. Lo estaba disfrutando, realmente lo necesitaba. Teníamos funciones en Buenos Aires y en el interior del país. Estaba metiendo una película detrás de otra, estaba filmando una, hasta que se cortó cuando llegó la pandemia y la cuarentena. En televisión estaba filmando la cuarta temporada de El marginal y también estaba a full con Sueño Bendito, la serie que contará la vida de Diego Maradona. Lamentablemente este virus me arruinó el pastel.¿Qué podés contarme acerca de La fiesta silenciosa?
Es un thriller que habla sobre la violencia de género, la violación, el abuso sexual, el machismo, el patriarcalismo. Yo interpreto a León, que es el padre de Jazmín Stuart, la protagonista. Es un personaje agresivo, belicoso y muy violento.

Para colmo, tuviste que cambiar tu look…
En realidad lo elegí. Los personajes se hacen desde adentro hacia afuera y viceversa. Me da exactamente lo mismo cambiar mi apariencia. Me puse el bigote, me rapé y aparecía lo que yo quería mostrar. Hablaba por sí solo.

¿En qué quedó El Marginal 4? La gente se enganchó mucho con Antín
No se puede grabar, no se pueden juntar las personas. En los penales no puede haber aglomeraciones. No tenemos ninguna fecha prevista para avanzar.Tenés una gran trayectoria en teatro, cine y televisión. ¿Te pasó que te reconozcan en otro país a raíz de algún personaje puntual que hayas interpretado?
Yo hice bastante teatro en Uruguay, en diferentes épocas y temporadas. Hice lo propio en Chile, y también me fue bien. Pero la llegada de El marginal a muchos países a través de Netflix le generó una gran popularidad al personaje de Antín. Aparezco en cualquier idioma, en cualquier lugar. Por ejemplo, voy para Francia y me reconocen.

¿Cuál fue tu primer viaje?
Vaya paradoja, fue por una pandemia. La enfermedad se llamaba poliomielitis y desató en la década del ‘50. La gente se iba como podía de las ciudades para que los chicos no quedaran lisiados. Tenía un tío muy querido, muy generoso, que nos prestó una quinta en Moreno.

¿Qué recordás de tu infancia?
Jugaba mucho, decía que tenía amigos y enemigos, y a los últimos los mataba. Me acuerdo que manejaba un jeep y a veces decía que era capitán de un barco. Consumí mucho cine desde pequeño. Sin saberlo me acercaba de a poco a mi gran vocación. Sin embargo, recién empecé a los 30 años como actor.

¿Qué viajes importantes hiciste como actor?
He viajado bastante, por suerte. Estuve en Estados Unidos, Pensilvania, California, Los Ángeles, Japón, Rusia, Checoslovaquia, Italia, España, Inglaterra, Brasil, Paraguay, Perú y demás. A Uruguay viajo permanentemente, tengo una casa allá y mi hija vive ahí.

¿Te gusta viajar en avión?
Me fastidian bastante los aeropuertos, los controles, que te miren mal, que te den órdenes para hacer filas. Es bastante engorroso.

¿Recordás algún otro viaje puntual?
Me iba mucho de campamento a un lugar llamado Las Catonas. Con el correr de los años empezamos a frecuentar mucho a mi querida Necochea. Yo viví mucho tiempo en Sauce Viejo, en el campo, en la provincia de Santa Fe. Luego me radiqué en Villa Ruiz, Buenos Aires, cerca de Luján.

¿Qué te atrapó de Necochea para que te guste tanto?
Conocí gente muy querida allí. Los traumas de la juventud son imborrables, como mi primer amor, por ejemplo. Me genera mucha nostalgia y una enorme felicidad. Iba todo el año al colegio anhelando que llegara el momento de las vacaciones de ir para allá, así me reencontraba con todos mis amigos y con la chica que me gustaba. Disfrutaba mucho del mar, de andar a caballo y en bicicleta.

¿Te gusta Argentina como destino turístico?
Sí, es un país maravilloso, por la diversidad que hay. Los climas son muy variados, no tiene un mar muy cálido, pero tenemos la nieve.

¿Por qué la resaltás?
Porque me encanta. Tengo una amiga que vive en Rusia, al norte de San Petersburgo. Cuando hablamos por Skype me muestra las heladas y es algo increíble. La nieve me genera una sensación muy particular, y más al ver ese invierno tan cruel.

Cuando armás la valija, ¿qué es eso que no te puede faltar?
El alicate, la lima para las uñas y la afeitadora. Llevo muy poca ropa. Por lo general siempre estoy vestido con lo mismo.

¿Sos de animarte a probar la gastronomía típica de cada región?
Sí, por supuesto. La comida mexicana es espectacular, bien picante. Los platos españoles e italianos son deliciosos también. Me gusta comer rico.

Si tenés la posibilidad de radicarte en otro país, ¿cuál elegís?
A Uruguay, principalmente por el vínculo familiar.

¿Qué pudiste descubrir gracias al turismo?
El encuentro con la gente, conocer otras culturas y llegar a lo desconocido. Me ha pasado de llegar a un hotel de noche, levantarme a la mañana, abrir la ventana y ver un paisaje increíble. Es un aprendizaje constante.

La última: ¿cómo te definís como viajero?
Viajar significa pasarla bien. No deriva ningún inconveniente.