miércoles, 28, octubre, 2020

Salta no deja de hacerle honor a su slogan oficial. Con sus paisajes típicos y la cultura local, atrae a visitantes de todo el mundo.

Pasó un mes más de esta pandemia que, si bien le enseñó a la sociedad mundial nuevas prácticas en torno a los cuidados sanitarios, también le ha arrebatado la posibilidad de distraerse y disfrutar al aire libre. En ese contexto, los viajes forman parte de las actividades que se siguen viendo afectadas por el aislamiento social preventivo y obligatorio, iniciado a fines de marzo.

A lo largo de este proceso, los representantes del turismo mencionaron muchas veces que el regreso a la actividad iba a estar signado por ideas innovadoras que pudieran adecuarse a los nuevos lineamientos planteados en torno al coronavirus. En ese sentido, los recorridos virtuales, la idea de un turismo en espacios naturales y los extremos cuidados hacia la seguridad del pasajero fueron algunos de los temas en ponerse sobre la mesa.

En ese marco, la flexibilización de la cuarentena en la mayoría de las provincias argentinas facilitó que en el corto plazo algunos destinos se animaran a abrirse al turismo, de acuerdo a la situación sanitaria que cada uno atravesara. El Noroeste argentino fue el primero en poner en marcha la actividad, dada la poca cantidad de casos registrados en el último tiempo.

Luego de que Jujuy se convirtiera en la primera en habilitar el turismo, Salta comenzó, el fin de semana largo del 13 al 15 de junio, su propio camino hacia la nueva normalidad. Localidades como Cafayate, Cachi, Chicoana y Coronel Moldes recibieron durante este tiempo una gran cantidad de pobladores que disfrutaron de los paisajes y la gastronomía local, respetando estrictos protocolos sanitarios. Esta nueva apertura abre el juego para recorrer con la imaginación los lugares más representativos de la provincia norteña.

Para la colección

Ubicada en los Valles Calchaquíes, la Quebrada de las Conchas es una reserva natural que sorprende a sus visitantes con sus paredones rojizos y sus formaciones rocosas, consecuencia de la erosión del viento que durante muchos años ha modificado el paisaje. En este reconocido atractivo turístico de Salta, se puede encontrar una gran cantidad de maravillas naturales.

Un lugar típico es el Anfiteatro, que, por su particular forma, posee una acústica inigualable. Motivo por el cual, es un sitio propicio para la realización de eventos musicales. Incluso, al visitarlo es muy común encontrar a alguien tocando algún instrumento.

Otro sitio muy concurrido y de los más mágicos de la Quebrada de las Conchas es la Garganta del Diablo, una especie de agujero gigante que el viento se encargó de formar en la pared, que permite al turista introducirse para contemplarlo desde adentro.

Por otro lado, la Yesera impacta con su amplia gama de colores, con los que se puede apreciar las formaciones geológicas que la componen. Un trabajo natural que duró 15 millones de años ha hecho de este lugar un espectáculo para quienes lo visitan. Además, es posible encontrar fósiles marinos.

Un lugar por demás especial en la reserva es el Mirador de Las Tres Cruces, que, por su ubicación, comprende un punto panorámico al que se accede subiendo el cerro por una escalera natural desde el cual se puede observar toda la quebrada. Por último, dos formaciones de fácil acceso que se pueden observar desde la ruta son el Sapo, la cual fue moldeada por el viento de una particular manera, y las Ventanas, que, según el lugar desde el que se las observe, generan un efecto visual que las hace particulares.

Sobre rieles

Uno de los recorridos más convocantes de la provincia es el paseo en el Tren a las Nubes, que atrae no solo a los turistas argentinos, sino también a los extranjeros que eligen nuestro país para conocer sus paisajes.

El trayecto comprende 217 kilómetros a través de montañas, valles y quebradas. El recorrido posee múltiples paradas estratégicamente ubicadas que permiten a los viajeros descender de la formación para admirar el paisaje y llevarse las más pintorescas imágenes del lugar. Algunas de ellas son: Campo Quijano, el Viaducto El Toro y la Formación Geológica Yacorante.

El Ferrocarril tiene una capacidad para que 468 pasajeros disfruten de la vista única que regala el recorrido y, a una velocidad que no supera los 35 kilómetros por hora, cruza 29 puentes, 21 túneles y 13 viaductos. Además, llega a alcanzar los 4220 metros de altura.El tren, que sale por la mañana y vuelve a la ciudad de Salta por la noche realiza una excursión cada día, salvo durante el verano, debido a los posibles desmoronamientos que pueden obstaculizar las vías y provocar accidentes que pongan en peligro la estabilidad del tren y la integridad física de los ocupantes.

Además, la formación cuenta con la presencia de un personal especializado que va guiando el recorrido en distintos idiomas y también empleados calificados en atención médica en la altura. También, proveen de hojas de coca a los pasajeros para prevenir apunamientos.

Por último, aquellos que quieren sumarse a la excursión, deben reservar sus lugares con una anticipación de, como mínimo, dos meses. Incluso, hay descuentos para salteños y personas con movilidad reducida.

Un vino especial

Salta cuenta con una gran cantidad de atractivos turísticos, basados en la cultura y los paisajes típicos de la región norteña. Pero particularmente, existe un recorrido muy característico de la zona que atrae a aquellos viajeros amantes de la vitivinicultura. En estas tierras que se encuentran a más de 1500 metros sobre el nivel del mar, se puede degustar los famosos vinos de altura en los múltiples viñedos que embellecen el recorrido por la ruta 68.

En la provincia, el cultivo de la vid fue introducido por los Jesuitas en el siglo XVII, principalmente en Cafayate. En esta localidad es donde madura la cepa del Torrontés, vino blanco que es reconocido por su intenso aroma y su sabor frutado. Fue tal la relevancia que esta variedad tomó en el suelo del noroeste argentino, que se convirtió en la uva blanca insignia del país.

Actualmente, los viñedos salteños se extienden por más de 3300 hectáreas entre Cafayate, San Carlos, Cachi, Molinos y La Viña, en una zona inmejorable para el cultivo y la producción no solo del Torrontés, sino también del Cabernet Sauvignon, Malbec, Tannat, Bonarda, Syrah, Barbera y Tempranillo. Las bodegas presentes en la región están engalanadas por paisajes como la Quebrada de las Flechas, la Quebrada de las Conchas, además de pueblos con una enorme riqueza cultural.

El factor que diferencia a los viñedos salteños por sobre los que se encuentran en las seis regiones del país es la altura de los valles. En ese sentido, la vitivinicultura local se ve favorecida no solo por la amplitud térmica de la zona, sino también porque los rayos solares son más intensos y el aire, más puro y seco. Las numerosas bodegas que se alojan en la provincia ofrecen a sus visitantes almuerzos en los viñedos, tardes de cosecha y picnics campestres degustando la gastronomía típica de Salta.

Un recorrido completo

Entre los departamentos de Cachi y San Carlos se extiende un enorme bolsón poblado por cardones que custodian los caminos del antiguo Imperio Incaico. Esta especie que predomina en el predio y es el que le da el nombre. Posee ejemplares adultos que alcanzan los tres metros de altura.

El Parque Nacional Los Cardones muestra una belleza desértica en medio de un paisaje agreste al que se puede llegar por medio de la Ruta 33. El lugar es ideal para sacar fotos, realizar travesías y caminatas, además de contemplar la flora y fauna que se hacen presentes. El acceso al parque es gratuito y, si bien no cuenta con servicios turístico, posee sendas para recorrer uno de los paisajes más especiales del Valle Calchaquí.

Por otro lado, aunque en la zona está prohibida la tala de los cardones, los guardianes del parque recogen del suelo los ejemplares secos y se los dan a los artesanos locales para que hagan obras de arte, con el fin de que los turistas se lleven un recuerdo de su visita a Salta.

En el final de la Ruta 33 espera un antiguo y pintoresco poblado colonial. Ubicado a 1228 metros sobre el nivel del mar, Cachi se levanta sobre callecitas de piedra desde las que se puede observar las casas construidas con la madera del cardón y el adobe revestido de blanco. Bares, restaurantes y monumentos predominan en las adyacencias de la arbolada plaza central, donde transcurre gran parte de la vida social de sus más de 2000 habitantes.

Desde el pueblo se puede disfrutar de la vista del inmenso nevado de Cachi, una gigante formación que comprende un atractivo desafío para los fanáticos del montañismo y al que se puede llegar a través de diferentes rutas.