martes, 27, octubre, 2020

Famosa en el mundo por su catedral realizada en el interior de una mina, se destaca por este mineral y por ser un pintoresco pueblo muy cercano a Bogotá.

Cuando uno piensa en Colombia, lo primero que se viene a la mente es el azul de su mar Caribe, el ritmo alegre de su música y la calidez de su gente, pero la tierra de García Márquez tiene mucho más por descubrir.
Desde Argentina, indudablemente la conexión aérea llevará a los pasajeros a una escala en Bogotá. Qué mejor que salir a recorrer la capital del país y si quieren superar la propuesta, alejarse del centro y tomarse el día para visitar Zipaquirá, la idea es más que recomendada.
Ubicada a 49 kilómetros de Bogotá D.C, dentro del departamento de Cundinamarca se puede llegar al destino de múltiples formas, si opta por alquilar un auto es muy probable que en una hora promedio ya esté arribando, aunque hay quienes eligen subir la apuesta y abordar el tren turístico de la sabana. Son antiguas locomotoras a vapor y trenes diesel que permiten tener un recorrido especial por los mejores paisajes de la sabana de Bogotá, mientras se disfruta del despliegue cultural dentro de sus vagones los cuales están acondicionados para tener un viaje cómodo y encantador.

Magia de otros tiempos
El territorio que hoy ocupa Zipaquirá, ciudad donde Gabriel García Márquez fue al colegio, era un importante centro de comercio de sal –vital para conservar los alimentos– antes de la llegada de los conquistadores. Este mineral, la esencia del municipio, abunda en la Catedral de Sal de Zipaquirá, un santuario religioso construido en una mina subterránea.
También se conserva la huella colonial en su arquitectura y el legado comunero de la independencia, siendo esta villa de la sal el lugar donde se reunió la revolución comunera, antesala de la independencia colombiana.
Es por eso, que es muy fácil notar el rico pasado precolombino y colonial de Zipaquirá, ya que está presente en sus calles, sus parques, sus museos y sus iglesias.

Los tres imperdibles
Como esta será una visita fugaz, es necesario tener claro los sitios que no se pueden dejar de conocer para tener al menos una imagen clara de lo que el lugar tiene para ofrecer a quienes se adentren en sus pintorescas callecitas.
Sin dudas, la Catedral de Sal es el punto para comenzar con esta aventura. Vivir una experiencia única a 180 metros bajo tierra es indescriptible. Aquí podrá ser testigo de la belleza y majestuosidad de la primera maravilla de Colombia que sin dudas lo deslumbrará por la magnífica fusión de espiritualidad, arquitectura y magia. Este recorrido es apto para toda la familia, y las guiadas muestran un vía crucis muy especial que le permitirá encontrarse con la paz que transmite este espacio. La nave central está sostenida por cuatro imponentes columnas que simbolizan a San Mateos, San Marcos, San Juan y San Lucas, desde allí podrán admirar la cruz bajo tierra más grande del mundo. Sin dudas este es un lugar del que no saldrá de la misma manera que entró.


Para quienes gusten de la adrenalina, afuera de la catedral los espera el muro de escalar que cuenta con 17 metros de altura. Esta imponente estructura está inspirado en la Ceiba, por su fuerza y gran tamaño. Y si eso no fue suficiente, aún queda una experiencia más con el canopy. Este fantástico vuelo de más de 210 metros atraviesa toda la plaza del minero brindando el gran escenario que ofrece el paisaje.
Está más que claro que luego de semejante paseo colmado de emoción, el hambre puede ser un sentimiento que predomine, por eso una visita al centro de la ciudad y en particular a la Plaza de los Comuneros para localizar lo mejor de la gastronomía local se vuelve imprescindible. Adornada por casas coloniales con balcones, y republicanas también ha sido llamada Plaza Mayor o Plaza Gonzalez Forero. En uno de sus lados está emplazada la Catedral Diocesana diseñada por el arquitecto Fray Domingo de Petres, quien además fue el creador de la Catedral de Bogotá.
Pero como aquí lo que se estaba buscando son los clásicos platillos, es imposible no incluir en esta selección al Sancocho de gallina, esta es una sopa preparada con pollo, papa y plátano. En Colombia todos los menúes comienzan con sopa y es por eso que el Ajiaco, otro tipo de sopa hecha con papas, guasca (hierba), elote y pollo, es otra sabrosa opción. Pero si quieren evitar sentarse en algún restaurante y así seguir la marcha, las almojabanas son otra posibilidad. Estos panecillos elaborados a base de harina de maíz y cuajada pueden ser grandes compañeros en este trayecto.
Finalmente, para alejarse del bullicio del centro y terminar la jornada en contacto con la naturaleza, la Reserva Don Benito otorga un marco lleno de tranquilidad en medio de la sabana. Son más de 850 hectáreas para recorrer este lugar que representa el inicio del ciclo vital del agua.
Nada mejor que recargar energía rodeado de la flora y fauna nativa de Zipaquirá que los dejará listos para seguir el camino.

Un poco de cultura
El Museo Arqueológico de Zipaquirá se encuentra en la calle 1 con carrera 6, parque Villaveces López. Exhibe de manera permanente más de 1000 piezas arqueológicas de catorce culturas prehispánicas que tuvieron asentamientos en diferentes lugares de Colombia, entre las que se encuentra la Tairona, Tumaco, Guane, Muisca y Quimbaya, entre otras.
El museo es regido y orientado por la Fundación de Arte y Cultura Prehispánica y funciona actualmente en la antigua de expendio de agua de sal, luego sede del Club Salinas.
Este sitio, además, trabaja por la conservación y cuidado de los materiales arqueológicos y promueve publicaciones investigativas referidas a las diferentes culturas.