martes, 27, octubre, 2020

La “Ciudad Luz” se muestra como un destino ideal para pasar la luna de miel. Historia del arte y atractivos turísticos sin igual en un solo lugar.

Aunque la pandemia que azota al mundo entero (y principalmente al turismo) haya puesto en jaque las posibilidades no solo de irse de viaje sino también, salvo en algunos casos excepcionales, las de salir de casa, nunca está de más permitirse soñar con un recorrido por los lugares que uno siempre quiso visitar. Y si de soñar se trata, mejor que sea a lo grande.

Más que nunca, los planes para la luna de miel son el disparador perfecto para pensar en los viajes en pareja a los destinos más románticos del mundo. Es que no hay nada mejor para el estrés que produce la organización del casamiento y la fiesta que despejarse unos días en un lugar que continúe la inercia de ese clima.

Uno de los destinos turísticos donde más se denota esa afluencia relacionada con el amor es París. Cuna del Romanticismo, la capital francesa percibió en esta corriente artística que vio la luz a finales del siglo XVIII el principal factor para convertirse en el hogar de muchos escritores y poetas que cimentaron sus obras literarias en el amor, dando un lugar a una particularidad que aún hoy continúa caracterizando a la ciudad.

Sus calles, sus barrios, sus parques y sus paisajes a la orilla del río dibujan un ambiente que, junto con sus monumentos, sus museos de todo tipo, su arquitectura y su historia, es el sitio por excelencia al momento de pensar en un destino turístico relacionado con el amor. Por lo tanto, se encuentra entre las primeras opciones de las parejas que quieren pasar unos días en una escenografía ideal para pasar la luna de miel.

Un paseo por el Sena

Tantos son los atractivos turísticos que hay para visitar en París, que cuando la visita dura pocos días, resulta imposible conocer todos, lo cual significaría un viaje incompleto a una ciudad que tiene semejante cantidad de aristas por ofrecer. Es por eso que, cuando no se cuenta con mucho tiempo, una buena opción es hacer un recorrido a través del  Sena.

El tercer río más grande de Francia (y el primero navegable) inicia uno de sus cursos en la región de Côted’Or, en la Borgoña, y desemboca en el canal de la Mancha. A lo largo de un trayecto que se extiende 777 kilómetros, atraviesa el corazón de París. A partir de ser considerado “una de las avenidas más bonitas de la ciudad” es que fue declarado, en 1991, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un paseo al que es difícil resistirse, ya que implica un breve resumen de la ciudad. A bordo de una de las típicas gabarras que navegan por el Sena, se puede divisar las maravillosas construcciones que ponen a la ciudad francesa en una de las más reconocidas en términos de turismo, desde Notre Dame hasta la torre Eiffel, pasando por el Grand Palais y la Conciergerie.

Pero un factor que enaltece la visita es el crucero nocturno. Casi como una experiencia creada bajo una paradójica frase marketinera, este recorrido con cena en el Sena ofrece un momento inolvidable para las parejas. Durante las dos horas aproximadas que dura el trayecto, las luces artificiales de los muelles y las cauces del río regala imágenes que presentan un ambiente ideal para el contexto de una luna de miel: parejas abrazadas, charlando y bebiendo en un escenario bohemio y sorprendente.

Sobre el río

No se puede hablar del Sena sin hacer mención a sus más de 30 puentes, símbolos de un ambiente que aunque ya de por sí es romántico, se complementa con estas construcciones que se convierten en testigos de una multiplicidad de fotos en pareja que buscan dejar en la posteridad un recuerdo de su visita a una de las ciudades más lindas del mundo.

Uno de ellos es el Puente de Alejandro III, que, inaugurado para la Exposición Mundial de 1900, está formado por un único arco de acero, lo cual implicó un gran desafío para aquella época. Además, presenta cuatro columnas de 17 metros con caballos alados dorados en la parte superior, situados a los extremos de la construcción. Incluso, su decoración conformada por candelabros negros y querubines son el centro de atención de aquellas parejas que eligen este lugar para realizar sus fotos de boda.

Por otro lado, el Pont de l’Alma es el que sirvió a los parisinos para comprobar las crecidas del río, demarcadas por la estatua de un soldado que se encuentra en uno de los pilares del puente. Su valor turístico no está cimentado en la belleza de su estructura ni tampoco en sus dimensiones, sino en su carácter histórico. Es que, en la actualidad, los turistas se acercan

al lugar para conocer el túnel en el que la princesa Diana perdió la vida. En la parte superior del túnel se encuentra la Llama de la Libertad, un monumento con el que Estados Unidos agradeció a Francia por la restauración de la famosa Estatua del mismo nombre, aunque hoy es un sitio en el que los viajeros dejan sus ofrendas a Lady Di.

Finalmente, el Puente Nuevo, irónicamente el más antiguo de la ciudad, destaca sobre los demás por su característica belleza. Decorado con candelabros negros y más de 300 máscaras talladas, es el más largo de París con 232 metros y está ubicado en el extremo oeste de la Île de la Cité. Además, fue el primer puente construido en piedra, en una época en la que se acostumbraba a levantarlos en madera, y, también, el único que en aquel entonces cruzaba el Sena en toda su anchura, conectando las dos márgenes del río. En lo que concierne a las visitas turísticas, es el puente en el que se instalaron las primeras áreas peatonales con miradores sobre cada una de las columnas.

Cuna del arte parisino

Aunque últimamente las autoridades francesas hayan cerrado sus puertas por tiempo indefinido a causa del coronavirus, el Museo del Louvre sigue siendo uno de los puntos más concurridos en los recorridos de los turistas por la ciudad. Con sus imponentes dimensiones y una riqueza que deslumbra a propios y ajenos, presenta una gran cantidad de artículos, esculturas, pinturas y variados objetos que llevan a los visitantes a un viaje al siglo XIX.

Actualmente, la colección presente en este prestigioso lugar comprende alrededor de 300.000 obras anteriores a 1948, de las cuales se exponen aproximadamente 35.000. La misma está organizada de forma temática en diferentes departamentos, clasificada según: antigüedades orientales, egipcias, griegas, romanas y etruscas, historia del Louvre y el Louvre medieval, pintura, escultura, objetos de arte, artes gráficas y arte del Islam.

Tal es la magnitud del museo que sus visitantes pueden pasar varios días para recorrerlo en su totalidad. Sin embargo, no resulta tedioso para aquellos amantes del arte, que son atraídos por una ciudad marcada a fuego por el Renacimiento. Incluso, a partir de la pandemia que puso en jaque al mundo de los viajes, este museo que recibe más de ocho millones de visitas al año ha abierto sus puertas para que aquellos que quieran apreciar obras como La Gioconda, de Da Vinci, y La victoria guiando al pueblo, de Delacroix, puedan hacerlo por medio de recorridos virtuales a través de su página web. El éxito de esta iniciativa ha llevado a que se haya reportado un aumento de diez veces en el tráfico de la plataforma.

Una cita con la historia

Si bien los amantes del arte van a encontrar atractivos en cualquier rincón de la llamada “Ciudad Luz”, hay un lugar en particular que combina este concepto con un ambiente especial para las parejas. Se trata del Museo de la Vida Romántica de París, una de las principales opciones a tener en cuenta al momento de planificar un itinerario de a dos.

El arte, la música y la literatura que marcaron la época romántica en la capital francesa confluyen en este lugar que remonta a sus visitantes a los finales del siglo XIX, cuando el pintor Ary Scheffer se reunía con los representantes más destacados del período que marcó un antes y un después en la historia del arte: Chopin, Sand, Liszt, Dickens, Delacroix

Con el paso del tiempo, esta residencia se convirtió en un museo dedicado al romanticismo que acopla a la perfección la cultura y la expresión sentimental. Incluso, el visitante puede sentarse a tomar el té en los jardines que complementan un marco ideal en esta antigua mansión en pleno corazón del barrio llamado “Nueva Atenas”, cercano a Pigalle.

Además de las exposiciones artísticas que se presentan en el museo, también se ofrecen actividades culturales como presentaciones con diapositivas, caminatas y encuentros de golf. La planta baja está dedicada a George Sand: retratos, muebles, y joyas de los siglos XVII y XIX. En el primer piso, los cuadros del pintor Ary Scheffer están rodeados por obras de sus contemporáneos. En el el antiguo invernadero del jardín del museo, el salón de té Rose Bakery una verdadero remanso de paz permitirán a la pareja disfrutar de un descanso.