martes, 22, septiembre, 2020

El litoral paulista es una franja de pequeñas bahías, islotes y playas paradisíacas que va desde
Santos hasta el estado de Río de Janeiro y depara muchas sorpresas.
Nadie en su sano juicio iría a San Pablo para aprovechar las playas, por supuesto porque no las
tiene, pero el Estado sí cuenta con un extenso litoral marítimo no tan apreciado por los argentinos,
pero que son el destino perfecto para sus más de 19 millones de habitantes de la urbe tierra
adentro.
Necesariamente habrá que volar hasta la capital del estado si se quieren conocer sus playas, pero
el trayecto por tierra es tan atractivo que merece la pena tomarlo como parte del paseo.
El viaje hasta la costa se recorre por una autopista por donde circulan autos particulares y buses,
ya que los camiones van por un camino independiente, paralelo a éste.
Si no quieren ir en un auto alquilado o contratar un transfer privado pueden perfectamente viajar
en buses de línea que salen de la Terminal de Ómnibus de San Pablo, Tietê, a la que se llega en taxi
o con el “Airport bus service” que sale cada 50 minutos.
El trayecto hasta Ubatuba es de unas cuatro horas y los buses salen durante todo el día con una
frecuencia de entre una o dos horas entre un servicio y otro.
Si su destino es Ilhabela tendrán que sumar a las 6 horas de viaje el traslado en ferry que cruza
desde São Sebastião en 15 o 20 minutos.
Otro de los destinos populares es Guarujá pero en este caso los buses parten de otra terminal la
de Jabaquara a la que se llega también con el servicio de buses del aeropuerto (“Airport bus
service”) hasta la terminal Tietê y de ahí en Metro.
El viaje a este destino es mucho más corto, sólo hora y media. Pero en todos los casos se atraviesa
por unas serranías de un verde intenso que esconden algunas “fazendas”, o estancias turísticas
que serán tema de otra nota, porque valen la pena.
Una vez resuelto cómo ir habrá que decidir el destino que nos aguarda. Cada uno tiene un
particular encanto.
Las cien playas de Ubatuba
Entre sus 102 playas, 92 se ubican sobre el continente y las otras 10 en sus islas. Lo que las hace
tan encantadoras es que muchas de ellas conservan su estado natural y la combinación entre
aguas transparentes, arena blanca y selva es un verdadero festín para los sentidos.
Rodeada por innumerables ríos y cascadas que se ubican en una profusa Mata Atlántica,
convierten a este destino en el escenario propicio para practicar el ecoturismo, la observación de
aves, deportes de aventura o simplemente respirar el aire puro desde el mar.
Ubatuba es considerada la capital del surf, ya que es uno de los destinos ideales para practicar
este deporte y tiene playas con olas perfectas para todos los gustos; algunas para aficionados y
otras para profesionales. La Playa de Perequê Açu, por ejemplo, es indicada para los que están

comenzando, y las de Itamambuca y Félix son las más apreciadas por los surfistas expertos.
También es muy apreciada Vermelha.
Entre tanta variedad de playas las hay para cada estilo de viajero: los que quieran absoluta
privacidad la tendrán en Puruba, a la que se llega cruzando el río del mismo nombre (en bote o se
puede hacer a pie) extensa con un mar agitado pero que nunca tiene mucha gente; las familias
prefieren las tranquilas playas de Domingas Dias y de la Enseada, ambas muy tranquilas y de agua
transparentes con árboles que dan sombra y protegen del sol, especialmente a los más chiquitos.
Mientras que la bellísima Praia do Cedro, de difícil acceso y prácticamente intacta, es la más
buscada por los aventureros y para quienes desean escapar de grandes multitudes.
En medio de toda esta naturaleza viven diversas comunidades tradicionales que poseen su modo
de vida y cultura particular y que hasta el día de hoy mantienen vivas sus tradiciones y
costumbres, como la canoa caiçara, cestería Guaraní y el azul marino, plato típico que tiene como
base pescado cocido con plátano verde.
De las islas cercanas la más reconocida es Anchieta, la mayor isla del litoral paulista, que estuvo
habitada por comunidades originarias hasta principios del siglo XIX, momento en que se construyó
un presidio que funcionó desde 1902 hasta que fue desactivado en 1955. Hoy, es un paraíso de
playas y naturaleza. Para llegar allí hay que tomar una goleta. El esfuerzo merece la pena: el
paisaje esconde senderos ideales para hacer trekking y observación de aves.
Cuenta con buenas opciones de alojamiento para todos los bolsillos. Campings, albergues, posadas
y hoteles están disponibles en las playas, pero siempre es conveniente reservar previamente por si
coincide con un fin de semana largo o feriado en Brasil ya que se llena con los paulistas sedientos
de naturaleza.
São Sebastião
A 190 kilómetros de San Pablo se ubica São Sebastião (San Sebastián), un municipio con una
excelente infraestructura turística, playas pequeñas y frecuentadas y bellos paisajes que
conservan más de 30 playas y senderos naturales.
Es la ciudad más antigua del Litoral Norte de San Pablo y ofrece más de 30 playas a lo largo de sus
100 kilómetros de costa.
El centro histórico reúne edificios que forman parte del Patrimonio Histórico, Artístico,
Arquitectónico y Turístico del Estado, tesoros de la arquitectura colonial construidos allá por el
1636, año de su fundación por los portugueses, y todavía siguen en pie. Gozó de una época de
gloria económica entre 1720 y 1780 por ser el puerto desde donde se enviaban los metales
preciosos de Minas Gerais a Portugal. Hoy en día sus más preciados tesoros son las playas, islas y
ensenadas que se tiñen del verde de la Mata Atlántica.
San Sebastián se adapta muy bien a todo tipo de turistas, ya sea los que buscan lugares más
exclusivos como deliciosas posadas boutique, Spas y restaurantes con alta cocina, hasta los que
prefieren pasar el día en familia en playas tranquilas como Barra del Sahy. Su piscina natural es la
alegría de los niños.

La Barra do Una cuenta con una buena infraestructura de hoteles y restaurantes. Desde allí, es
posible tomar un barco y pasear por las islas de la región.
La mejor puesta de sol se descubre en Boiçucanga y la vida nocturna se vive en Maresias, la
favorita de los jóvenes. Las olas fuertes la hacen ideal para practicar surf. Y los restaurantes y
bares de la costa llenos tanto de día como de noche, cuando se convierten en escenario de
animadas fiestas, siempre llenas de extranjeros. La Praia de Juqueí también cuenta con buenos
restaurantes, pero su principal atractivo es su ubicación, entre el mar y las montañas, lo que
proporciona un hermoso paisaje. La playa atrae tanto a familias, que prefieren acomodarse en la
parte izquierda de la playa, como amantes de deportes náuticos, que se agrupan a la derecha.
Ilhabela
Este bello rincón es la isla más concurrida del litoral paulista y para llegar hasta ella es necesario
cruzar en un ferry que sale desde el puerto de San Sebastián. Las condiciones climáticas la
convierten en el mejor lugar para practicar deportes como navegación a vela o windurf, mientras
que su relieve es ideal para los amantes del rappel y la escalada. Para los buceadores Ilhabela
cuenta con 70 kilómetros de costas rocosas vírgenes, a las cuales se pueden acceder por el mar,
que se convirtieron en un verdadero cementerio de buques.
Otro de los atractivos imperdibles son sus playas: deslumbrantes, desérticas y con cascadas y
senderos, un paisaje digno de película. Cuenta con más de 40 playas, algunas desiertas y otras con
amplia infraestructura. La más conocida es Jabaquara, un ejemplo de naturaleza salvaje de medio
kilómetro de extensión que recibe agua dulce de dos arroyos, ideal para bañarse o disfrutar de un
día de pesca y tranquilidad.
El Parque Estadual de Ilhabela representa un 85% del territorio del archipiélago, lo que garantiza la
preservación de uno de los últimos y más bellos remanentes de la Mata Atlántica en el Estado, en
donde es posible encontrar toda la infraestructura para actividades deportivas náuticas y
terrestres.
Es posible disfrutar de la Villa –como es llamado el centro histórico de Ilhabela– con restaurantes,
cafés, heladerías y pequeñas tiendas, junto a confortables alojamientos y música callejera hasta el
amanecer.
En cuanto a cascadas, (se dice que hay más de ¡400!), la más visitada es la Cachoeira do Gato, a la
que se llega por un sendero de trekking guiado y donde el visitante encontrará una piscina natural
de agua cristalina.
Guarujá
Muy concurrida en la temporada alta por los paulistas por ser la playa más cercana a la ciudad,
Guarujá tiene playas urbanas y rincones salvajes, accesibles tan solo por senderos.
La Praia da Enseada es la más popular y la más extensa, cuenta con infinidad de bares de playa y
hasta una bicisenda. El mar plácido y la larga franja de arena hacen que sea una opción ideal para
familias.

La Playa de Pitangueiras posee aguas más tranquilas y claras, perfecta para bañarse. La Playa de
Pernambuco es indicada para la práctica del kayak, de velas, del paddleboard y, en la marea alta,
la playa se encuentra con la Playa del Mar Casado, que lleva ese nombre a causa del encuentro de
las aguas.
Un poco más alejada de la ciudad, la Praia do Tombo es una de las pocas playas brasileñas con
certificación internacional del Programa Bandera Azul, de responsabilidad ambiental. Su formación
geológica que forma agujeros también tiene olas ideales para practicar surf y es allí donde se dan
cita varias competencias nacionales e internacionales.
Para variar un poco el programa, la sugerencia es subir el Morro da Caixa D’agua, cerca de la Praia
do Tombo. Punto de despegue de vuelo libre, ofrece una linda vista panorámica de Guarujá. Desde
lo alto, ante tanta belleza y naturaleza, entenderán por qué el sobrenombre de la ciudad es Perla
del Atlántico.
Otros paseos interesantes son los Senderos del Dragón, caminos con duración entre 3 y 9 horas,
en los cuales se pueden conocer ruinas y fortalezas históricas, ferias de artesanía, comercio
popular y el acuario más grande de agua salada de Sudamérica, el Acqua Mundo.