sábado, 19, septiembre, 2020

Cuando el blanco invernal queda atrás y el calor se hace presente, el paisaje se llena de colores y
las propuestas para disfrutarlos se multiplican.
Con el Lago Nahuel Huapi como escenario y un paisaje montañoso que cumple la función de un
decorado ideal, Bariloche invita a desprenderse de la ropa invernal y bajarse de la tabla de
snowboard para disfrutar de las actividades que la ciudad patagónica ofrece en la época estival.
Al finalizar la primavera, el paisaje blanco con el que se identifica a San Carlos de Bariloche
desaparece, dando lugar a un amplio abanico de excursiones para todo tipo de viajero, que van
desde realizar caminatas en ambientes boscosos o navegar en el lago hasta emprender un
recorrido por las principales cervecerías de la localidad.
Además, el destino turístico cuenta con puntos estratégicos a la vera de la ruta, en los que los
turistas tienen la posibilidad de hacer una pausa en sus recorridos para dedicarle unos minutos a
admirar el paisaje barilochense.
Con el chocolate como parte del ADN de la ciudad, la propuesta gastronómica se muestra como un
socio de lujo a la innumerable cantidad de paisajes que se pueden encontrar en cada rincón, con
una oferta muy amplia que se adecua a cualquier presupuesto y a cualquier tipo de turista: desde
cocina boutique hasta pizzerías y fondas que hacen de Bariloche un destino para todos los gustos.
¿Por qué no caminar?
Quizás la mejor manera de conocer Bariloche sea formando parte del paisaje. Bajo esa premisa,
los visitantes más inquietos tienen la posibilidad de emprender una caminata por el sendero Brazo
Tristeza, que consiste en un recorrido de medio día que comienza a los pies del Cerro López y
culmina en un mirador en el que los turistas pueden disfrutar de un almuerzo y contemplar las
montañas ubicadas a orillas de la Bahía López.
Se trata de una travesía personalizada, suave y en subida, que combina privilegiadas vistas
panorámicas con la magia del bosque andino patagónico, con coihues como protagonistas a lo
largo de todo el recorrido.
El agua protagonista
Las cálidas temperaturas del verano son ideales para la práctica de deportes acuáticos. Las
travesías en kayak en ríos o lagos son de las más populares y pueden ser un desafío si se enfrentan
a los rápidos. Los lagos donde se pueden hacer estas excursiones son el Nahuel Huapi, Moreno,
Gutiérrez, Mascardi, Los Moscos, Hess, Fonk, Roca, Guillelmo y Steffen, entre otros.
Los más atrevidos pueden contratar travesías de varios días para entrar en contacto más directo
con el entorno natural.
Otra opción para aventurarse en las aguas patagónicas es el rafting y el Stand Up Rafting
(Bariloche es el único lugar de América latina que ofrece esta novedosa propuesta deportiva). Esta
última opción se hace en el Río Limay, y consiste en remar en grupo, parados, sentados o
arrodillados, sobre una balsa inflable especialmente diseñada para esta disciplina. Se realiza
siempre con el acompañamiento de un guía especializado. El rafting tradicional se hace en los ríos

del parque nacional Nahuel Huapi recorriendo bosques inmensos a través de sus rápidos llenos de
acción ya que durante el verano el caudal crece formando rápidos de alta intensidad.
En contacto con la tierra
Ya sea que se tenga mucha o casi nada de experiencia cabalgando siempre habrá propuestas para
que todos los que se decanten por una cabalgata puedan disfrutarla sin ningún problema. Hay
cantidad de prestadores que cuentan con caballos entrenados y baqueanos expertos.
Desandar senderos por los bosques patagónicos sólo escuchando el casco de los animales en el
suelo es una de las experiencias más maravillosas que podrán vivir en Bariloche.
Una alternativa muy popular en el verano es hacer canopy a través del bosque de coihues de más
de 250 años, con varios tramos que alcanzan los 1.500 metros, uno de los más largos de América
del Sur. El canopy no requiere fuerza, ni contar con conocimientos técnicos, pero cada uno de los
participantes debe usar todos los elementos de seguridad necesarios para realizar un vuelo
confortable por lo que es apto para toda la familia. Los niños de entre 4 y 8 años lo pueden realizar
en tándem con un instructor.
Una opción algo más aventurera es el canyoning, que combina trekking, rappel, tirolesa, saltos
desde trampolines naturales, nado y escalada. Todas las emociones en una actividad. Durante 20
minutos se realiza el ascenso para luego comenzar a descender a pura adrenalina combinando
tramos de rappel con pozos de agua cristalina hasta llegar a la cascada, el Salto del Vasco, de 30
metros de altura. Ahí se puede continuar con rappel o tirolesa (canopy). Luego se continúa con
trekking y rappel hasta terminar la experiencia.
En la altura
Una parada obligada para poder ver la inmensidad del paisaje barilochense es ascender al Cerro
Campanario.
Se puede llegar a la cima (a unos 1050 metros) caminando o en aerosilla. Y desde los distintos
miradores se pueden contemplar los lagos Nahuel Huapi y Moreno, la península Llao Llao, la Isla
Victoria, los cerros Otto, López, Goye, Bellavista y Catedral.
Gastronomía de lujo
La cocina patagónica hace uso de carnes exóticas como el ciervo o jabalí ahumados, entre otras
opciones. Aunque no muchos se resisten a los corderos y a las truchas del sur. Ambos son de
excepcional calidad y sabor.
Una de las novedades para la temporada 2020 se encuentra en el Hotel Llao Llao. El
establecimiento abrió un sushi bar en el que los visitantes podrán degustar el plato típico de la
gastronomía japonesa con ingredientes patagónicos que se pueden acompañar con una cerveza
de leve amargor elaborada por la cervecería Wesley, ideal para disfrutar la vista que regala el Lago
Moreno.
Una refrescante salida

La ciudad cuenta con la mayor cantidad de cervecerías artesanales per cápita del país. Es por eso
que la noche se presta para realizar el llamado “Bariloche Beer Experience”, un programa que
tiene como objetivo dar a conocer los procesos en el arte de elaboración de la cerveza artesanal y
degustar el producto final.
La excursión consiste en un recorrido por algunas de las fábricas más reconocidas de la ciudad,
como Gilbert, Wesley y Patagonia. En esta última, además de conocer el detrás de escena del
proceso cervecero, los anfitriones ofrecen una cena de tres pasos con maridaje y una vista
inigualable al Lago Moreno.