domingo, 27, septiembre, 2020

El penacho amarillo es una especie singular que arriba cada octubre a las costas de la ciudad santacruceña.

Puerto Deseado, Santa Cruz, es el escenario en el que cada octubre, el pingüino de penacho amarillo hace su esperado arribo. Poblado por una inconmensurable variedad de fauna marina, la "Isla Pingüino", es escogida por esta especie para reproducirse y andar, en un ambiente de preservación único. Cientos de turistas llegan cada año, por ser el único lugar en el Hemisferio Sur donde se le pueda contemplar desde tan cerca, arribando desde el continente.

Se trata de un paraíso para los amantes de la naturaleza y la aventura, dado que este lugar pertenece al “Parque Interjurisdiccional Marino Isla Pingüino”, que le otorga protección tanto nacional como provincial: está preservado y puede ser contemplado por limitados contingentes que no alteren la vida de las especies. Eso permite una convivencia armónica de estas especies animales, casi en estado virgen.

La expedición parte desde la ciudad, se adentra en la Río Deseado, un singular estuario que es reserva natural provincial y en el que conviven al menos 34 especies de aves marítimas y costeras, para ingresar luego al mar abierto, el Mar Argentino. En su recorrido de 40 minutos a bordo de una embarcación, los visitantes se van encontrando con pequeñas islas donde la fauna marina de la región se presenta en todo su esplendor. Durante la navegación, hasta tres especies de delfines pueden llegar a sumarse al contingente, llenando de colores las aguas cristalinas. E incluso, con algo de suerte, algunos llegan a ver a la extraordinaria ballena orca.

Más adelante, otras islas suelen poblarse en sus costas por lobos marinos de diversas edades que no sólo se detienen allí para reproducirse, sino también para aprender a conformar sus harenes. Es común observar también a la paloma antártica, que nidifica en la Antártida pero se acerca a estas islas para alimentarse de excremento de lobos marinos.

El estímulo sensorial que ha generado el recorrido, refuerza la imponencia del arribo a la Isla Pingüino para los visitantes. Al descender de la balsa a motor, un sendero de piedras rodeado de pingüinos de Magallanes conduce hacia un acantilado, debajo del cual están sus codiciados primos de penacho amarillo. El paisaje rocoso se abre paso, majestuoso, proponiéndose como guía natural para conocer cada especie que le habita.

Un detalle que enamora a los visitantes es la cercanía que se logra alcanzar con estos animales. En esto ayuda la decisión de que un máximo de dos embarcaciones pueda llegar al lugar al mismo tiempo con turistas, para no invadir ni erosionar el entorno natural.