domingo, 27, septiembre, 2020

La ciudad de Chicago se ganó la fama de nido de rufianes durante la década de 1920, y como el epicentro de la música negra en los ’50s. Hoy es una de las ciudades más versátiles del mundo.

Chicago es la tercera ciudad más habitada de los Estados Unidos, detrás de Nueva York y Los Angeles. Su cercanía con el gigantesco lago Michigan le valió el seudónimo de la Ciudad de los Vientos, pero también es la ciudad donde la cultura y la música han florecido gracias a diversos factores que modificaron a la sociedad norteamericana durante el Siglo XX.

Durante la década del ’20, cuando regía la ley seca, la presencia de mafiosos como Al Capone, Dion O’Banion, Bugs Moran y Tony Accardo oscurecieron a la ciudad, que lentamente, con el paso de los años, fue alcanzando su esplendor hasta convertirse en el lugar donde el Blues fue disparado hacia todo el mundo. 

Además, su arquitectura, y los canales que la atraviesan entre enormes edificios vidriados, le dieron un toque de distinción que la diferencia de las otras grandes urbes del país del Norte. Claramente, su principal zona para visitar es el centro de la ciudad, que cuenta con las más renombradas atracciones para los viajeros que, preferiblemente en los meses más alejados del invierno, que suele ser crudo y confirma la fama de ciudad de los vientos –y de la nieve y las bajas temperaturas-, podrán gozar de propuestas variadas.

La ciudad ubicada en el estado de Illinois es el hogar de más de 2,7 millones de personas y atrae a 40 millones de visitantes de todo el mundo cada año.

Parques y rascacielos
Si es su primera vez en Chicago, debe visitar su principal atracción turística, el campus Millennium Park, ubicado en la zona norte del enorme Grant Park, donde se encuentra una de las piezas de arte público más famosas de la ciudad y atracción principal para las selfies, el Cloud Gate (también conocido como “The Bean”). La superficie reflectante atrajo a la gente al parque desde 2006, pero hay mucho más que ver y hacer.

El Millennium Park forma parte de una de las mayores áreas verdes de la ciudad, el Grand Park de Chicago, con 99.000 m2. La construcción de este parque empezó en 1998 y no terminó hasta el 2004, actualmente el Millennium Park de Chicago es considerado uno de los proyectos de mayor envergadura de la ciudad. Allí, además del Bean, podrán hallar el Pabellón Jay Pritzker, una de las obras más recomendables de ver, construido por Frank Gehry y dedicado a la famosa familia Pritzker quien dio una buena cantidad de dinero para la construcción del Millennium Park. Es un moderno escenario, con capacidad para 4000 personas, construido mediante acero inoxidable. y, los afortunados que viajen cuando se celebra el festival de música clásica tendrán la oportunidad de ir a escuchar los mejores conciertos de música clásica de Chicago en el mejor auditorio de forma totalmente gratuita.

Por su parte, el Lincoln Park Cultural Center de Chicago se encuentra en el norte de la ciudad y, se caracteriza, por ser una de las mayores zonas verdes de la ciudad, también una de las más concurridas. Pero, además, en el parque también se encuentra el Lincoln Park Conservatory que es un jardín botánico donde podrán observar plantas y árboles de todo tipo.

Algunas de las mejores vistas de Chicago son desde el agua: el río Chicago y el lago Michigan. Ya sea que desee aprender más sobre la historia de la ciudad, obtener información detallada sobre el legado arquitectónico de Chicago, considerada la primera en tener un skyline frondoso, ver los fuegos artificiales en el Navy Pier o simplemente relajarse y admirar las vistas. El galardonado Riverwalk de Chicago es también un imán para los visitantes, con arte callejero, restaurantes, eventos especiales e incluso kayak.

Con respecto a sus rascacielos, los más temerarios podrán disfrutar de The Ledge en SkyDeck, una caja de vidrio que se extiende algunos metros por afuera de la fachada de la Torre Willis en el piso 104 y que dejará a toda la ciudad, literalmente, bajo sus pies y en el aire.

En Magnificent Mile están los rascacielos más importantes, una de ellas es la Torre del Agua, una de las edificaciones más emblemáticas de la ciudad. Se construyó en 1869 para sacar agua del lago Michigan y ofrecerla a toda la ciudad. Actualmente, se conserva toda la edificación, pero se le ha cambiado la función, con una interesante galería de arte contemporáneo.

Desde el agua
Recorrer los canales de Chicago es impresionante, pero hay muchas otras formas de experimentar la ciudad. Se pueden probar diferentes modos de transporte, como bicicletas, autobuses o segway. A los amantes de la historia les encantará el pasado histórico de la ciudad, y hay todo tipo de tours para experiencias de comida y cerveza. 
El servicio gratuito Chicago Greeter es recomendable, donde voluntarios locales lo guiarán a través de sus lugares favoritos. Los recorridos programados durante todo el verano lo llevarán a recorrer Millennium Park y diferentes vecindarios de Chicago. Y pueden elegir el vecindario que desean ver y el idioma en que desean que se realice el recorrido con previo aviso.   

Otro espacio que deja a todos sin aliento es el Navy Pier, que durante mucho tiempo fue uno de los muelles más grandes del mundo. A finales del XIX, con la Exposición Mundial de Chicago, decidieron transformar el muelle en una gran zona de ocio. Actualmente, es un parque de atracciones que además alberga una amplia zona comercial llena de vida y ambiente, bañado por el hermoso lago Michigan.

Visitar Navy Pier en la actualidad no es algo exclusivo para los turistas, sino también para los propios habitantes de Chicago, ya que es un agradable lugar donde ir a pasar una mañana o una tarde. 

Noches (y días) de Blues
Muchos se preguntan por qué si el Blues nació en el delta del Mississippi, Chicago es tan prolífico en este estilo musical. Es que, durante los ’50 las discográficas como Chess Records acunaron a los más importantes músicos. Desde su estudio en el número 2120 de la avenida South Michigan, estos artistas acuñaron las grabaciones más famosas de este estilo y lo llevaron al mundo. Hoy, puede ser visitado como museo y uno de sus anfitriones es el nieto de Willie Dixon, que cuenta las anécdotas que recuerda de su abuelo y los músicos que lo acompañaron en la creación de las más prestigiosas piezas de Blues.