jueves, 24, septiembre, 2020

La isla caribeña fue el refugio de Ian Fleming, creador del espía británico James Bond, donde no sólo pasaba sus vacaciones, sino donde encontró la inspiración para escribir la saga de 007.

Todos recuerdan a Ursula Andress saliendo del mar (en la playa Laughing Waters), con un cuchillo en la cintura y dos caracoles en las manos, ante la mirada de Sean Connery, en la primera película de la larga serie de James Bond, El Satánico Dr No, de 1962. De hecho, centenares de mujeres parodiaron esa escena para sus fotos de vacaciones en el Caribe, y no es para menos, porque tanto el personaje del espía con licencia para matar como esa escena han pasado a la historia, a tal punto que en los ’90 fue recreada por Halle Berry en “Die another day”, otra película de Bond, en esa ocasión protagonizada por Pierce Brosnan.  Jamaica fue el escenario elegido, no sólo para la filmación de esa película, sino para inspirar al autor de los libros que fueron adaptados tan exitosamente para el cine. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la que participó como agente de Inteligencia, Fleming decidió refugiarse en ese paraíso caribeño, donde instaló su condominio, llamado “Goldeneye” -sí, como la película de 1995-, diseñado por él mismo, y donde vivió durante los meses de invierno en Gran Bretaña, cada año, entre 1946 y 1964.

Hoy, a esa zona se la conoce como Playa James Bond y es popular por sus aguas cristalinas, los deportes acuáticos y paseos en “wave-runner”. 

Para comer, el restaurante Moonraker Jamaican Bar and Grill es una buena opción. Situado en la costa norte de Jamaica, la playa se encuentra en Oracabessa Bay, a 16 km de Ocho Ríos. En temporada alta, la playa abre todos los días pero cierra por las noches. En temporada baja, el horario de apertura es aún más limitado, por lo que es mejor chequearlo antes de ir.

Paraíso inspirador
“¿Los libros de James Bond habrían nacido si yo no hubiera estado viviendo en ese hermoso estado de vacío en las vacaciones de Jamaica?”, se preguntó Fleming. “Lo dudo”, se respondió a sí mismo. Y eso parece resonar en toda la obra que, justamente, a pesar de tratarse sobre un acartonado agente británico, conserva todas las características de la pasión caribeña. En estos días, en los alrededores del originario edificio Goldeneye existe la denominada Villa Fleming –Fleming Villa-, un paraíso privado que puede ser reservado y cuenta con espacio para diez adultos, con servicio de mayordomo, limpieza y cocina, y que ya visitaron famosos como Johnny Depp, Harry Belafonte, Willie Nelson, Bill y Hillary Clinton y hasta el mismo Brosnan, entre otros, con la garantía de que no habría paparazzis espiando. Con piscina privada, jardines internos y cien metros de playa privada, es el destino que los afortunados eligen para pasar un tiempo aislados del mundo, tal como lo hacía Fleming para escribir sus exitosas novelas. 

Un nombre “caribeño”
Si bien James Bond es un nombre claramente sajón, el autor de la obra dice haberlo encontrado en el mismísimo Caribe. Quien inspiró ese nombre fue un ornitólogo norteamericano, nacido en Filadelfia, que escribió una obra muy importante sobre las aves de la región en 1936.

Al ser Fleming un entusiasta de la observación de aves durante su estadía en Jamaica, consiguió una copia de ese libro y su nombre le inspiró para bautizar a su personaje emblema: “James Bond, es un nombre simple y masculino”, aseguró en una carta que le envió a su esposa. De hecho, durante la película “Die another day”, en la que la actriz Halle Berry recrea la famosa escena de Ursula Andress, pero en las playas cubanas, Bond, encarnado por Brosnan se encuentra leyendo el mismísimo libro de aves de James Bond, el ornitólogo, y se hace pasar por uno. Un guiño sólo percibido por los conocedores de la vida y obra de Ian Fleming, que ahora podrá ser motivo de charla en un asado de domingo.