jueves, 24, septiembre, 2020

Durante siglos los moáis, las esculturas realizadas por los nativos de la Isla de Pascua, resistieron la erosión del clima. Pero un nuevo enemigo las está atacando y puede deformar su estructura. Los arqueólogos piden soluciones antes de que sea demasiado tarde.

Cuando se mira de cerca de varios de estos moáis el visitante puede percibir unas manchas blancas en su superficie.

Se trata de un liquen, un organismo que surge de la unión entre un alga y un hongo. Suelen crecer en ambientes húmedos e invaden la roca como si fueran hojas o costras. “Parece como si tuvieran lepra”, describen los pobladores de la isla a Reuters.

Estos líquenes pueden alterar la superficie de la roca, y en el caso de los moáis, en un siglo los gigantescos rostros sin ojos que miran hacia el mar pueden convertirse en monolitos rectangulares, dice Tahira Edmunds, asesora de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) del Gobierno de Chile, que ha trabajado en tareas de limpieza de las esculturas para retirar estas formaciones naturales.

“En un siglo los moáis pueden convertirse en monolitos rectangulares”, advierten expertos del gobierno de Chile

La arqueóloga Sonia Haoa, nativa de la Isla de Pascua, estima de un 70% de los 900 moáis están afectados por los líquenes.

Esta experta dice que no es tarde para que las gigantescas estatuas puedan recuperar su fisonomía habitual mediante trabajos de recubrimiento con químicos de sellado para frenar la humedad y evitar que la porosa roca volcánica se desmorone.

Alguno de los grupos de moais más famosos, como las 15 formaciones del grupo Ahu Tongariki, así como la cantera de Ranu Raraku reciben mayores cuidados de expertos y de la comunidad indígena Mau Henu’a, que administra el Parque Nacional Rapa Nui.

Pero la isla, ubicada a 3.500 kilómetros de la costa de Chile, tiene 30.000 sitios de importancia arqueológica en su superficie de 166 kilómetros cuadrados. Además de los líquenes los moáis también padecen la amenaza del ganado de los isleños, que pasta libremente y degrada la superficie donde se alzan.

La erosión de las costas causada por un oleaje más fuerte también pone en riesgo a los moáis. En el suroeste de la isla, en el sector de Akahanga, un cartel anuncia un proyecto de restauración después de que una plataforma arqueológica fuera dañada por marejadas.

“Hay moáis que están bajo riesgo de caer al mar por erosión del terreno y a lo mejor no tiene ni sentido aplicarles productos químicos si es que se van a destruir”, dijo a Reuters Francisco Torres, jefe de conservación del museo antropológico de Rapa Nui (MAPSE).

Para proteger las estatuas se necesita una inversión de 440 millones de euros, pero no hay un fondo oficial encargado de la protección de este patrimonio. Por ello, los residentes solo tienen al turismo como su mayor fuente de ingresos.

En su búsqueda de alternativas el alcalde de Rapa Nui lanzó una idea: cobrar regalías a los países que se robaron moais de la isla.

Entre ellos se encuentra el Hoa Hakananai’a, una estatua de 2,13 metros que se encuentra en el Museo Británico. Este centro promete al gobierno chileno que atenderá sus reclamaciones de devolución, pero para la gente de la Isla de Pascua es mejor que se quede en Londres.

El alcalde Edmunds Paoa dice que el moái puede ser un buen embajador de la historia pascuence, y que si el Museo Británico aporta un dinero anual por exhibirlo podría ayudar a la conservación de las piezas que se encuentran en su sitio de origen.