domingo, 27, septiembre, 2020

En las aguas de la bahía de Samaná se espera la llegada de miles de ballenas jorobadas, donde los machos dan grandes saltos para cortejar a las hembras.

Desde mediados de enero a fines de marzo las aguas cálidas de la bahía de Samaná, al norte de República Dominicana, son el escenario de uno de los espectáculos naturales más fascinantes del Caribe: la danza de las ballenas jorobadas.

Estos cetáceos, que pueden medir hasta 16 metros, realizan un viaje de miles de kilómetros desde los mares de Islandia, Groenlandia y América del Norte hasta las costas de Dominicana.

La danza del cortejo
Los machos dan esos increíbles saltos para cortejar a la hembra, lo que es aprovechado por miles de turistas que en las excursiones de avistamientos en Samaná disparan sus móviles y cámaras en modo ráfaga.

Por la gracia con que se mueven y realizan los giros nadie se atrevería a afirmar que estas ballenas yorubas, como se las conocen, puedan pesar 40 toneladas.

El macho cae cerca de la hembra salpicando varios metros a la redonda, mientras emite sus característicos sonidos que pueden escucharse en un radio de 30 kilómetros bajo el agua.

El regreso para dar luz
Casi un año después de la ceremonia de apareamiento las hembras regresan a Samaná, donde dan luz a las crías. Con algo de suerte se los puede ver junto a su madre, jugando entre las aguas.

Cada ballenato se alimenta de 200 litros de leche materna y gana alrededor de 45 kilos diarios, una dieta necesaria para emprender la larga marcha a los mares del norte pocas semanas más tarde.

El santuario de los mamíferos
El paraje de Banco de Plata está reconocido desde el año 1986 como Santuario de los mamíferos marinos. Contratar excursiones para ver ballenas en Samaná es sencillo, ya que hay muchos operadores que incluso ofrece el servicio de pasar a buscar por el hotel.

El avistamiento de ballenas tiene una parada obligada en el observatorio terrestre que se encuentra en la costa sur de la bahía. Localizado en Punta Balandra, fue abierto en 2011 y permite a los visitantes atisbar desde tierra a las ballenas que migran hacia el área protegida del santuario.