sábado, 26, septiembre, 2020

Vivir en Hamilton no es para todos los bolsillos. Según un informe de la consultora Numbeo, es la ciudad más cara del mundo, con un coste de la vida un 37% mayor que Nueva York y un 9% mayor que Zúrich. Sin embargo, la capital de Bermudas, que acoge la sede de un buen número de reaseguradoras de todo el planeta, no tiene por qué ser inaccesible. Al contrario. Disfrutar de este desconocido paraíso es mucho más asequible de lo que pensamos.
Un corto vuelo desde Miami nos deja en el Aeropuerto Internacional L. F. Wade, puerta de entrada al archipiélago de las Bermudas. Y en unos minutos, tras atravesar un extenso puente sobre el Atlántico, llegaremos a la isla principal, donde se encuentra Hamilton.

Tradición y modernidad
La capital de este país de apenas 65.000 habitantes es una coqueta urbe a medio camino entre la tradición caribeña, el colonialismo británico y la modernidad que llega desde el vecino estadounidense. La mezcla de estas tres influencias ha creado un entorno único en el que paradisíaco es el adjetivo que más reluce.

Basta un pequeño paseo por su puerto para enamorarse de las casas de dos o tres plantas con fachadas de vivos colores que recuerdan a otras antillanas. El rosado es uno de los predilectos y transmite la sensación al viajero de estar en una casa de muñecas, una fase de relajación que no nos abandonará durante el resto de nuestra estancia en Bermudas.

Es la misma que experimentaron muchos de los que allí se asentaron a finales del siglo XVIII, cuando Hamilton echó a andar. De hecho, sus habitantes presumen de que las vistas desde su paseo marítimo, la Front Street, siguen siendo las mismas que entonces, pero ahora con mucha más animación.

De paseo en Front Street
Los amantes de las curiosidades y de las visitas diferentes pueden acercarse, no lejos de la Front Street, a la Corte Suprema y Asamblea Nacional de Bermuda. Las sesiones del Parlamento son públicas y prometen discursos y discusiones muy vívidas.

Del otro lado de la calle, en cambio, tendremos justo lo contrario: la paz de espíritu y el silencio que domina el interior de la Catedral de la Santa Trinidad, un edificio de culto anglicano de 1869 construido con rocas de la propia isla y piedra traída desde Caen, en Francia.
Si subimos al campanario, que recuerda al de Westminster en Londres, tendremos la mejor vista aérea de toda la isla (la entrada cuesta 3 dólares y está abierto de 8.00 a 17.00 h.).

Arts Centre
No hay que desplazarse mucho para llegar a otro de los rincones imprescindibles de la ciudad: el Arts Centre, que alberga la Galería Nacional. Allí podremos entender mejor las influencias africanas, británicas y caribeñas del país, y no falta una buena muestra de arte contemporáneo y de fotografía (entrada 5 dólares, de 10.00 a 16.00 horas).

Es el museo más visitado junto al de Artesanía, que muchos eligen también por lo agradable de su cafetería, con mucho encanto, la Homer’s Café.
Lo más curioso de este lugar es que una de sus terrazas es un antiguo tanque gigante de agua que ha sido rellenado de cojines y almohadones, sillas y sofás confortables.

No es el único café que invita a abandonarse a la contemplación. Podemos hacerlo también en el del lujoso hotel con encanto The Hamilton Princess, junto a una pequeña marina de súper yates donde las vistas son espectaculares.

Influencia británica muy presente
Para influencia descubrir la influencia británica en la isla bastan dos detalles únicos. El primero, las cabinas típicas rojas de teléfono de Reino Unido, aún en activo en la ciudad. El segundo, pasear por el Parque Victoria, un oasis de serenidad diseñado al más puro estilo inglés, con un templete conmemorativo del Jubileo de la Reina Victoria (en 1889) e innumerables flores, entre las que destacan las plantas endémicas de la isla.

Una curiosidad de este parque es que nunca se ha levantado en ese área nada más que el templete, pues fue así designado desde la llegada de los británicos. Como es el lugar preferido por los locales para disfrutar de un paseo al atardecer y de los muchos conciertos gratuitos que allí se celebran, seguro que iremos más de una vez.

De piratas y barcos hundidos
Visitar Hamilton, que es una ciudad portuaria privilegiada del Atlántico Norte, no es posible sin aproximarse a las leyendas de piratas y barcos hundidos. El Instituto de Exploración Subamarina de Bermudas nos permite conocer todo sobre galeones hundidos, rescate de monedas de oro y tesoros… y todo ello en una exhibición interactiva que recorre buena parte de los 1.200 hundimientos que ha habido en los últimos siglos cerca de la ciudad.

Nos podemos hacer buena cuenta de cómo son los fondos marinos en los que están esos barcos gracias al tanque de 530 metros cúbicos de agua que posee el Bermuda Aquarium, donde se ha recreado un arrecife de coral idéntico al que posee el archipiélago.

Por supuesto, Bermudas es un paraíso de playas, chapuzones y submarinismo, todo a apenas un corto trayecto en coche. Sin embargo, muchos se sorprenderán de lo que la capital del archipiélago puede ofrecer, más allá de los tópicos, las palmeras y las arenas blancas infinitas, las aguas turquesas y los cocoteros. Y todo ello sin ‘experimentar’ que sea la ciudad más cara del mundo.