domingo, 27, septiembre, 2020

Asistir a uno de los mayores eventos del mundo como el Carnaval de Río puede ser una pesadilla o una maravillosa experiencia según desde dónde uno se ubique. 

Calor, color, música, alegría, alcohol, desinhibición, participación popular, integración, creatividad, son algunas de las palabras que ayudan a describir lo que se vive en una de las celebraciones más famosas del mundo. Millones de personas se trasladan hacia la ciudad de Río de Janeiro en el verano del hemisferio sur para aprovechar sus hermosas playas, disfrutar del estilo de vida de los “cariocas”, observar los torneados cuerpos de las “garotas” y “garotos” que se lucen en sus mínimos trajes de baño a lo largo de la Orla de Copacabana, probar sus “capirinhas” en los bares de la ciudad, y por supuesto vivir una fiesta callejera como el Carnaval. 
¿Por qué se hizo tan famoso este Carnaval? Sus inicios se remontan a la colonización portuguesa, que introdujo la antigua tradición europea con bailes de máscaras donde se tocaban valses y polcas. Poco a poco los esclavos africanos fueron incorporando sus propias tradiciones y comenzaron a utilizar disfraces con plumas, piedras y flores e incorporaron los ritmos propios de sus países de origen que culminaron creando el ritmo propio de esta celebración “el samba”. 
Los barrios, clubes de fútbol y las favelas organizaron las agrupaciones que hoy se conocen como “escolas de samba” que competían por ser las más coloridas, las más populosas, las que desarrollaban la mejor escenografía y conseguían la música más original en sus desfiles callejeros. Al paso de los años la multitud se volvió caótica y en 1984 se inauguró el Sambódromo Marquês de Sapucaí, un proyecto del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, un espacio dedicado especialmente para que los desfiles de las escolas de samba se luzcan mucho más y la gente pueda disfrutar el espectáculo desde un lugar más confortable.   
Pero también en la calle se vive el Carnaval de Río ya que las bandas callejeras, o blocos, recorren la ciudad disfrazados y al ritmo de la música. 

¿Cuándo?
Aunque oficialmente el Carnaval dura cuatro días, desde el sábado hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma, las celebraciones invaden los barrios con fiestas callejeras, desfiles, bailes y conciertos gratuitos durante toda la semana o incluso antes.
Desde el viernes y hasta el lunes de Carnaval, cada noche a las 21.00 horas se suceden los desfiles de las escuelas de samba en el sambódromo. El martes a las siete de la tarde es la hora del desfile de las escuelas infantiles y, por la noche, le toca el turno al baile gay de disfraces en Rio Scala.

En el Sambódromo
Los desfiles de las escuelas de samba son espectáculos incomparables, que cuentan con la participación, en algunos casos, de más de cinco mil integrantes que desfilan en este gigantesco recinto de cemento de más 550 metros de longitud con gradas laterales con capacidad para más de 70.000 espectadores. Su acceso requiere el pago de entrada.
Hay que tener en cuenta que las mejores localidades suelen ser muy buscadas -los mejores días son el domingo y el lunes- y se agotan con rapidez, por lo que adquirir una a última hora puede resultar caro. Aunque existe un mercado de reventa dirigido sobre todo a los turistas, resulta poco recomendable esta opción.
El único sector disponible a través de agencias de viajes en el número 9, pero pueden adquirirse también en internet. Los que ofrecen mejor visibilidad son el 3, el 5 y el 7, pero si buscan una localidad económica –tener en cuenta que no hay asientos numerados-, lo mejor es el sector 1. Las entradas, magnéticas, se canjean al acceder al recinto por etiquetas de plástico que deben colgarse en el cuello.

Los horarios 
El espectáculo se prolonga desde las nueve de la noche hasta las cinco de la madrugada, por lo que es importante llegar con tiempo -suelen formarse importantes congestionamientos- y en transporte público o taxi, ya que no hay estacionamiento en los alrededores.

¿Cómo ir vestido?
Es fundamental también ser previsor y llevar ropa y calzado cómodo adecuado a las altas temperaturas (no está de más una campera liviana adicional) y algo de comida y bebida, aunque en el interior del recinto también hay puestos de venta, a veces llegar hasta ellos es complicado. Es importante no llevar encima objetos de valor ni un exceso de efectivo, ya que los robos son frecuentes.

La fiesta en la calle
Los blocos son los grandes protagonistas de las calles de Río. Y es que estas agrupaciones con banda propia, desfilan disfrazados por la ciudad al ritmo de la música. Los hay de todos los tamaños y pueden unirse a ellos de forma espontánea ya que hay muchos. Algunos son especialmente divertidos.
No es imprescindible ir disfrazado, pero hacerlo, aunque sea con algún detalle, resulta más adecuado y también mucho más divertido.
Suelen salir a diario, a primera hora de la mañana -sobre las ocho-, para iniciar una recorrida que se prolongará durante toda la jornada, por lo que es importante no olvidarse del protector solar, ni de la ropa más cómoda, incluido el traje de baño, y ser previsor con los ladrones.