martes, 22, septiembre, 2020

Las celebraciones carnavalescas suelen destacarse por los rituales, la algarabía, el color y varias ocurrencias que van de la mano con otras costumbres fantásticas de nuestro país.

No importa si hace calor o si las lluvias cobran protagonismo. Las celebraciones del Carnaval de cada localidad del Norte argentino se tiñen de colores y rituales heredados de generación en generación. De una forma o de otra, todos festejan, y todos están contentos.

Jujuy
La centenaria tradición andina impregna cada una de las celebraciones de los carnavales ya sea en San Salvador de Jujuy, Tilcara o Humahuaca. El desentierro del “diablo o pujllay” es uno de los más importantes rituales que se realiza el sábado anterior al inicio del Carnaval. Ese día los grupos de comparsas comienzan a llegar desde los pueblos cercanos al sitio donde fue enterrado el pequeño muñeco que imita a un diablo y que simboliza al sol, quien para ellos es el encargado de fecundar a la Madre Tierra (Pachamama).  

Una vez hecho esto se tiran bombas de estruendo y las comparsas descienden a cada pueblo bailando danzas tradicionales como el “carnavalito”. Los músicos hacen sonar trompetas, redoblantes, trombones y bombos. ¡Por supuesto que las bandas de Sikuris también tienen su lugar preponderante! 

Cada agrupación lleva un estandarte que las identifica mientras recorren las calles del pueblo y la gente los invita a beber en sus casas. 

Cada integrante de la comparsa va disfrazado, y es costumbre tirarse harina y llevar ramas de albahaca que dejan su aroma tras sus pasos.

Cuando terminan de desfilar las murgas se reúnen en puntos específicos llamados “fortines”, donde se arman peñas con música y baile hasta el amanecer.

La celebración termina el domingo de Carnaval, con el entierro del “pujllay”. Las comparsas regresan hacia los cerros, y el muñeco es enterrado con varias ofrendas entre las que se destacan los cigarrillos, las hojas de coca y el alcohol, bajo el ruido incansable de las bombas de estruendo dando fin al Carnaval.

Salta
En la Ciudad de Salta los corsos son numerosos y se preparan durante meses para los desfiles de carnaval. Las comparsas salteñas fusionan las tradiciones hispánicas con las indígenas propias del altiplano. Cada agrupación diseña sus carros alegóricos y los bailes representan diferentes escenas o temas. En Salta la gente juega con agua, no con harina como en Jujuy o La Rioja.

En San José de los Cerrillos se lleva a cabo el “Corso de las Flores”, con un colorido desfile de comparsas tradicionales, murgas artísticas y humorísticas. 

En Orán se realizan los “Corsos Color”, siendo los más grandes de la provincia. Suele reunir anualmente 3.500 bailarines que con coreografías muy estilizadas deslumbran a los casi 100mil espectadores que asisten a lo largo de las 10 noches. 

El Carnaval Puneño de San Antonio de los Cobres y Tolar Grande es otra de las opciones para disfrutar, donde las comparsas incluyen topada de comadres y concursos de copleros con caja. 
Santiago del Estero.

La familia santiagueña se reúne para disfrutar de esta celebración unidos por la diversión, alegría y mucho color. 

Ya sea en los corsos, bailes o trincheras (?) no falta el agua, pintura, espuma y harina que despierta el espíritu festivo de grandes y chicos que dejan de lado las diferencias de edad para divertirse por igual.
En toda la provincia son 17 localidades las que se preparan para vivir noches a plena música, diversión, brillo y colorido. Ellas son: Termas de Río Hondo, Frías, Icaño, Monte Quemado, Herrera, Quimilí, La Cañada, Los Telares, Añatuya, Vaca Huañuna, San Pedro de Guasayán, Bandera, Gramilla, El Bobadal, Villa Salavina, El Hoyón y Villa Atamisqui. 

En la zona de Los Nuñez a partir de febrero se celebra uno de los carnavales que intenta mantener las tradiciones de compartir en familia los festejos, en un entorno agreste y donde la harina y la pintura son una constante. En inmediaciones de El Deán también se erige una pista para celebrar el carnaval pero con una estructura similar a una bailanta. 

Desde hace unos años, los boliches de ciudad capital se han sumado a ser parte de los festejos de carnaval y abren sus puertas para la llegada de artistas de renombre nacional de la movida tropical. 

Pero ¿qué son las Trincheras? la tradición dice que las trincheras fueron celebraciones aborígenes, efectuadas anualmente, y más tarde, los criollos las adoptaron asimilándolas al carnaval y que se siguen realizando exclusivamente en la localidad de Icaño. Allí grupos musicales divierten a la concurrencia, y los jinetes con sus caballos demuestran su habilidad en los juegos de rienda y en las pechadas. 

Catamarca
La alegría, el ritual pagano y la cultura ancestral se fusionan con la música andina y folklórica, e invitan a moverse al ritmo de las comparsas que invaden las calles de los pueblos y ciudades de la provincia. 
Pujllay, el diablo del carnaval, se somete al fuego, y al ser quemado comienza simbólicamente la fiesta para dejar de lado las tristezas y las preocupaciones. De esta manera, los participantes se dejan llevar por las sensaciones que se instalan en todos sus sentidos, y se mimetizan con la música. Otras de las actividades características de este carnaval es el clásico topamiento, el bautismo de la guagua y la infaltable chaya.