sábado, 26, septiembre, 2020

Por Manuel Sierra

Etiopía, el país independiente más antiguo de África, es el hogar del primer ancestro de la humanidad y cuna de una cultura antigua y exótica que ahora está al alcance de los argentinos.

Pocos viajeros de esta parte del mundo han elegido este país del Cuerno de África para vacacionar. En primer lugar por las distancias que nos separan y que son muy difíciles de salvar sin la comodidad de los vuelos directos. Eso obligaba al viajero inquieto a llegar vía Europa o Medio Oriente, con lo que eso conlleva en tiempo de vuelos y conexiones, más los altos costos que implica comprar varios tramos en la misma, o diferentes, aerolíneas. De ahí que no pasara más que una expresión de deseos de algunos pocos argentinos que visitaban el país, más que nada por negocios. 

Pero esa historia tuvo un quiebre el 8 de marzo pasado cuando aterrizó en Ezeiza un avión proveniente de Addis Ababa (Addis Abeba para otros), la capital del país africano, de la empresa Ethiopian Airlines, sólo con una escala en San Pablo, dando inicio así a la nueva ruta entre las dos capitales. Lo anecdótico de ese primer aterrizaje en la Argentina tuvo que ver con que en conmemoración del Día de la Mujer la tripulación estuvo compuesta únicamente por mujeres. 
Lo importante es que desde ese día los argentinos podemos llegar hasta este exótico destino con la línea aérea de ese país, comenzando a sentir su cultura y calidez desde el mismo momento en que se sube a bordo. Pero ¿cómo es Etiopía? ¿Qué hay que ver, hacer y saborear una vez en destino?

Una joya oculta a la vista  de todos

La capital etíope, Addis Ababa (nueva Flor) fue fundada hace unos 130 años a los pies de las Sierras Entoto, a 2400 metros sobre el nivel del mar, lo que la ubica entre las cinco capitales nacionales a mayor altura del mundo (detrás de La Paz, Quito, Timbu -Bután- y Bogotá). 

Esa condición le entrega noches frescas, aún en verano. Por lo que no hay que dejarse engañar y creer que en África todo el tiempo y en todos los destinos hace mucho calor. 

Allí se ubica la Unión Africana o la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas, lo que la convierte en un importante núcleo de negocios pero también tiene ricas muestras de su pasado y cultura como la catedral de San Jorge, dedicada al patrón etíope; el Museo Nacional, considerado uno de los más importantes del África subsahariana; el Merkato, mercado de la ciudad, tal vez el más extenso del continente; o el Jazzamba Lounge, un local que recrea la escena jazzística nacional de los años 60 y la Catedral de la Santa Trinidad, uno de los templos más importantes de todo el país y lugar de enterramiento del último emperador etíope, Haile Selassie, considerado un Mesías por el rastafarismo. 
Pero su más importante tesoro se encuentra en el Museo Nacional: allí están expuestos los fósiles del esqueleto de la que tal vez pueda considerarse la abuela de la humanidad, Lucy. Sus restos fueron encontrados en la Depresión de Afar en 1974 y fue uno de los hallazgos más significativos para la arqueología ya que con sus 3,5 millones de antigüedad es el antepasado del hombre moderno más antiguo que se conoce. 

La pequeña Lucy medía cuando estaba viva 1,10 metros de alto y se le calcula que vivió unos 20 años y que al parecer tuvo algún hijo. Dotada de un cráneo minúsculo, comparable al de un chimpancé, Lucy andaba sobre sus miembros posteriores, signo formal de una evolución hacia la hominización. La historia de su nombre está ligada a la de los Beatles, ya que los investigadores estaban escuchando el famoso tema “Lucy in the sky with diamonds” cuando dieron con sus restos. 

Una breve historia

Este antiguo país africano se jacta de no haber sufrido ninguna conquista extranjera, y sólo tuvo una breve ocupación de cinco años en manos de los italianos allá por 1934-1941 cuando Benito Mussolini estaba en el poder, período en el que pasó a llamarse Abisinia. Pero la derrota italiana en África en la II Guerra Mundial le devolvió el poder a su emperador Haile Selassie I, quien luego es derrocado por un golpe militar en 1974. Recién en el 2000 el país recupera un gobierno democrático y la paz definitiva. 

Las Iglesias de Lalibela

Hacer turismo en Etiopía permitirá descubrir uno de los países más sorprendentes del continente africano y el que tiene más cantidad de sitios Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO (siete culturales, dos naturales y tres intangibles).
Es un país mayoritariamente cristiano, religión que llegó al Cuerno de África allá por el siglo IV.

Para quienes aman la historia bíblica les gustará saber que este fue el hogar de la Reina de Saba y el Rey Salomón. 

Entre las muchas reliquias que se conservan en el país nadie debería dejar de ver las iglesias talladas en piedra de Lalibela, hace unos 800 años. Esta antigua capital, y una de las ciudades más interesantes para visitar, cuenta con once templos cristianos esculpidos en roca que fueron erigidos con la intención de crear una Nueva Jerusalén tras la conquista de la Ciudad Santa por parte de los sarracenos de Saladino. Hoy en día siguen siendo uno de los lugares más sagrados para el cristianismo etíope y un lugar cargado de magia.

Las iglesias se dividen en dos grupos separados por el pequeño río Jordán: El grupo noroeste (compuesto por 7 iglesias), el grupo sudeste (5 iglesias) y la iglesia de Bet Giorgis, separada de los dos grupos anteriores. Las iglesias están muy pegadas unas a otros y el acceso suele ser a través de pasillos excavados en la roca.

La más famosa es Bet Giorgis, con su forma de cruz, tiene una altura de 15 metros, excavada por debajo del nivel del terreno.

Lalibela está a 2.630 m. de altura y mantiene un aire medieval que la hace única en el mundo cristiano.

El café etíope

La leyenda dice que un pastor de cabras de las tierras que hoy ocupa Etiopía observó que cuando los animalitos comían unos delicados frutos de cierta planta estaban más activos y alertas que antes de comerlos. El pastor decidió probarlos y descubrió el poder del café. ¿Dónde entonces será el mejor lugar para disfrutar de una antigua ceremonia para tomar café que en el lugar donde se lo encontró? 

Quienes vayan a Etiopía podrán saborear el café en uno de los principales productores y exportadores de granos del mundo. Allí nació la especialidad Arábica. 

Preparar y tomar una taza de café no es solo cuestión de hacer una pausa en el trabajo o de recibir la dosis de cafeína diaria en el desayuno; se trata de mantener viva una cultura que han heredado de sus antepasados. La ceremonia más tradicional se conoce como Buna y suele estar ligada a algún hecho o acontecimiento especial que debe terminar en una conclusión, como una pedida de mano o la resolución de un conflicto grave entre familias o vecinos. 

Todo comienza con el tostado de los  granos para asegurar el máximo sabor. La mujer que realiza la ceremonia, vestida especialmente para la ocasión, pasa la olla metálica donde están los granos para que todos puedan apreciar los aromas. 
A continuación se prepara el café y se ofrecen tres tazas. La primera es la que tiene el sabor más fuerte, más complejo. Es para socializar y mostrar respeto hacia el invitado y el anfitrión o para resolver un problema. 

La segunda taza, ya más suave, con el añadido de agua a la primera infusión, es un café cargado de aromas y sabor. Es el momento de alcanzar una solución, una resolución al problema presentado o, simplemente, una conclusión al asunto del día. Solo entonces se puede pasar a degustar la tercera y última taza, mucho más ligero. Por ser tan suave simboliza la aceptación del otro y la alegría y armonía del momento compartido. Es un trago alegre al que se suele invitar a participar a los más jóvenes y niños que todavía no participan de la ceremonia completa. Simboliza el sentimiento de comunidad y la identidad común del grupo. 

Normalmente se sirven pequeños bocados salados como semillas, palomitas de maíz o frutos secos para acompañar.