jueves, 1, octubre, 2020

La gastronomía no conoce de fronteras, y mucho menos de limitaciones. Lo cierto es que día a día supera las propuestas establecidas. Por eso no resulta extraño que en 2018 se hable de un vino azul. Sí, como leyeron. A fuerza de curiosidad, este producto se hizo de un lugar en el mercado, siempre deseoso de novedades.

El origen
Creado en Bilbao (España), Gïk Live es un vino que busca romper moldes en el sector de las bebidas alcohólicas. 
“Queremos innovar y construir cosas nuevas, romper con el pasado e inventar el futuro”, reconocieron sus mentores, seis jóvenes que querían algo “fácil de beber, dulce, pero sin azúcares añadidos, seco y suave”.
Demoraron cerca de un año y medio para hacer realidad su bebida azul, con la ayuda de la Universidad del País Vasco. No obstante, después de las encendidas polémicas que generó su irrupción en el mercado por parte de los viticultores y de las autoridades reguladoras, quedó prohibido que la etiqueta lleve la denominación de “vino”.  
En sí, Gïk Live es una bebida alcohólica, derivada del vino, de color azul añil. Está elaborada con uvas procedentes de distintas bodegas españolas. Su proceso combina técnicas tradicionales con nuevas tecnologías, que incluyen la suma del pigmento de la piel de la uva, antocianina, que causa el intenso color azul añil.
Además, posee indigotina, un pigmento de la planta isatis tinctoria, al que se le añade edulcorante no calórico, no así azúcar como a otros vinos tradicionales, lo que da como resultado un sabor dulce pero no empalagoso y agradable para el paladar. 
Un dato a destacar es que esta bebida “fácil” se puede consumir a diferentes temperaturas, además es posible maridarla con casi cualquier alimento y hasta puede convertirse en cóctel, marcando una gran versatilidad combinada con elegancia. 
Un dato a destacar es que Gïk ya cuenta con un volumen de exportación de más de 450.000 botellas al año, la mayoría a los EEUU, en donde acaban de abrir una oficina, y en donde sí se vende oficialmente como vino, torciendo el concepto europeo. 

Mano a mano
Inspirado en el Gïk, este año en Francia surgió una competencia. Similar, aunque con algunos matices. Se trata del Vindigo. Más pálido que el original, con aromas de cereza, frambuesa y maracuyá, esta versión se realiza en Almería (España) y es una iniciativa del empresario francés Rene Le Bai. Obviamente, conserva el característico y llamativo color celeste. 
Hasta el momento, sólo se comercializa en el país galo, en la región de Occitania. A razón de 12 euros la botella, la marca de a poco se posiciona entre los mejores bares, restaurantes y vinerías. Por lo pronto, nada de supermercados o ventas al por mayor. 
Ideado para que sea consumido como un aperitivo, su promoción persigue la misma lógica que su distribución: evita  los canales masivos de comunicación. De hecho, se busca que su promoción sea más discreta, reservada. Lo cierto es que mal no le está yendo: la última noticia que trascendió da cuenta que Bélgica, Alemania, Rusia y China ya hicieron sus respectivos pedidos. 
Asimismo, tras una compra de 2.000 botellas iniciales, el empresario encargó a la bodega española otras 35.000 unidades para ganar su nicho de mercado.  

Experiencia local
También tomando como punto de partida al Gïk, una bodega argentina comenzó a experimentar con estas bebidas coloridas, que los puristas no denominan “vinos”, pero que buscan gracias a la innovación convocar a un público jóven y ansioso de diferenciarse. ¿los vieron en las góndolas?