sábado, 19, septiembre, 2020

Cada uno de los rincones mexicanos tiene sus características, costumbres, sabores y colores. Pero hay una costumbre que atraviesa el país sin distinción de sitios ni de rangos sociales: El Día de Muertos. Esta tradicional celebración con raíz precolombina se realiza entre el 1° (que es cuando llegan las almas de los niños) y 2 de noviembre (día en el que llegan las de los adultos) para recordar a sus seres queridos difuntos. 
Se trata de una fiesta en donde los vivos se encuentran con los muertos, ofreciéndoles un auténtico banquete de aromas, colores, sabores y música, con la finalidad de que quienes seguimos en el plano terrenal no olvidemos que la muerte es sólo una transición a lo eterno, mientras que los muertos “regresan” para convivir con sus amigos y familiares.

El origen

La muerte, sin dudas, para casi todas las culturas significa una instancia de duelo que conlleva diversos rituales para despedir a la persona que se ha ido de manera física. Las culturas ancestrales prehispánicas creían en una entidad inmortal que se encargaba de dar conciencia al ser humano y que después de la desaparición física, continuaba su camino por el mundo de los muertos. 
Durante muchos años la celebración se efectuaba en el noveno mes del calendario solar azteca, cerca del inicio de agosto, y duraba un mes completo.
Pero cuando los conquistadores españoles llegaron a América en el siglo XV, se aterrorizaron por las prácticas “paganas” que realizaban los habitantes y en un intento de convertir a los nativos americanos al catolicismo hicieron correr la fecha de la celebración a noviembre para coincidir con las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas.

Los detalles

No hay dudas de que uno de los elementos más significativos de esta festividad son los altares, unas construcciones hogareñas que pueden tener entre dos y siete escalones, siendo este último el más tradicional ya que representa la cantidad de niveles que debe atravesar el alma para poder llegar a su descanso eterno. 
Los altares comienzan a prepararse el 28 de octubre para llegar al 2 de noviembre con todo listo. El primer día se prende un velón y se coloca una flor blanca, al siguiente se agrega otro velón y un vaso de agua como ofrenda. El tercer día, 30 de octubre, se enciende un nuevo velón, se coloca otro vaso de agua y se agrega un pan blanco; el día siguiente el ritual continúa colocando fruta de temporada. Para el 1° de noviembre, se agrega la comida dulce, el chocolate, la calabaza en tacha (en almíbar), y las flores. Para el 2 de noviembre, el día más importante, se pone la comida preferida del difunto, tequila, mezcal y cerveza. Durante los días que dura la ceremonia, es infaltable el copal, el cual representa la purificación del alma y ayuda a los muertos a guiarse hacia su hogar. 

Nivel por nivel

El más alto está reservado para la imagen del santo del que la familia es devota; el segundo nivel está dedicado a las almas del purgatorio; el tercero es el elegido para colocar la sal que es el símbolo de la purificación. En el cuarto nivel va el pan, el cual se ofrece como alimento y consagración; en el quinto van las frutas y los platos preferidos del o los difuntos. En el sexto van las fotos de los homenajeados. En el último nivel, que está conectado con la tierra, hay una cruz formada por flores, semillas o frutas. 
El altar puede ser adornado con papel picado, con telas de seda y satín donde descansan también figuras de barro, incensario o ropa limpia para recibir a las ánimas.

La muerte y la vida unidas  

Algo que llama poderosamente la atención es la confección de calaveras en azúcar multicolor o en chocolate que se venden principalmente en los puestos callejeros. Esta costumbre no tienen nada de macabro, todo lo contrario, representa que la muerte puede ser dulce y no amarga. También son una burla hacia la muerte y se les escribe en la frente el nombre del comprador o de una persona viva.
La imagen de “La Catrina”, una mujer vestida con todas sus galas pero en la que su cabeza es en realidad una calavera, tuvo su origen como caricatura de la refinada clase social mexicana en la época del presidente Porfirio Díaz. En la actualidad se la concibe como una percepción jocosa que se burla de la noción tradicional de la muerte. 

Para estar más cerca

Cuando se realiza esta celebración, las familias también visitan los cementerios en donde están sus seres queridos. Allí limpian y arreglan las tumbas, y en algunas ocasiones pasan la noche en vela allí. 
Claro que no faltan rezos, pero tampoco la música que se escucha a través de mariachis, tríos y grupos locales. 

Colores para alegrar el alma

Otro ritual que se viene desarrollando hace tres años es el Desfile del Día de Muertos. Este año tendrá a lugar el sábado 27 de octubre en Ciudad de México. Artesanos, artistas, músicos y chefs, pondrán lo mejor de sus talentos para celebrar a los difuntos en esta tradición mexicana que ha sido nombrada “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” según la UNESCO. En él se podrán ver calaveras monumentales, carros alegóricos y catrinas que recorrerán el Paseo de la Reforma.
Con más de un kilómetro de longitud, el desfile también evoca a las etapas históricas de México desde la época prehispánica hasta la actualidad, pasando por la colonia,la independencia y la revolución  y otros capítulos importantes de la historia nacional.

Fotos: Consejo de Promoción Turística de México