viernes, 27, noviembre, 2020

De negros y esclavos

En el Valle de Paravachasca, a 36 kilómetros de la ciudad de Córdoba, se levanta una ciudad que atesora una magnífica obra arquitectónica como la Estancia Jesuítica, compuesta por El Obraje, La Iglesia, la Residencia y La Ranchería donde vivieron alrededor de trescientos esclavos negros traídos de África. Fue Juan Nieto el creador de estas obras, en el año 1588 aproximadamente, y luego bautizó  la ciudad como Potrero de San Ignacio de Manresa, aunque años más tarde, la renombraron como Alta Gracia en honor a la virgen homónima de un santuario en Extremadura, España. En el año 1767, la orden de los Jesuitas fue expulsada de América, y la estancia que recibieron como donación finalmente quedó para la ciudad. En el año 2000, este espacio urbano fue declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y quizás este enorme reconocimiento haya motivado a sus orgullosos habitantes para recuperar el pasado de esplendor que gozaba allá por la mitad del siglo pasado. Hoy en día, la ciudad vuelve a lucir como entonces, con una amplia gama de excelencia para el turismo, una moderna oferta de alojamiento, y una gastronomía de calidad.

 

A la calle con el colorido del arte

A poco de recorrer las veredas, se nota a la distancia que la ciudad en realidad es un pueblo. Sus costumbres están intactas. Las personas se detienen a charlar, se saludan de una punta a la otra, y pronuncian el chiste “clásico” al que son tan afectos y conocidos los cordobeses. A pocas cuadras del centro, más precisamente en el Barrio Sur, vivían los antiguos moradores, los que llevaban las maletas de los turistas que llegaban desde Buenos Aires y Rosario en el tren. En este barrio comenzó hace un año la inédita experiencia de los murales. Viejas casonas cobraron vida con sus pinturas escapadas del paisaje urbano. Son muchas, y uno se acostumbra a verlas por todas partes y empieza a reflexionar inevitablemente. Es la cultura que gana las calles, y están a la vista para el deleite de todos. No se paga entrada, y sirve como puro goce a cielo abierto para recorrer, mirar y disfrutar.

 

Se suman los escultores

En el Tajamar, la represa que construyeron los Jesuitas y que marca el centro geográfico de esta ciudad, entre el espejo de agua y las calles que lo circundan, hay un gran parque con plantas, mucho verde, que pertenece a los escultores que escaparon de sus talleres o reductos de silencio. Por primera vez, se instalaron a cielo abierto, rodeados de chicos y grandes que descubren con asombro cómo se transforma una piedra, o la madera de un tronco que ahora es una figura que transmite y exhuma arte. Un poco más allá la atención la acaparan los escultores en chatarra. Entre el ruido de las amoladoras y el chisperío de la soldadura, van formando la imagen que guardaron hace mucho tiempo, y que ahora deciden mostrar. Grupos sentados en el pasto con el tradicional termo y mate charlan, otros se acercan con timidez al artista y le preguntan todo tipo de consultas.

 

Lo que se viene para este año

El grupo MALON es un colectivo de docentes, artistas, profesionales y vecinos de Alta Gracia que se puso al hombro la tarea de organizar el segundo encuentro de muralistas y escultores para apostar al crecimiento, no solo en cantidad de participantes, sino también en otras formas de expresión cultural. Se suman ahora al encuentro los artesanos que trabajan en materiales tradicionales y los músicos. Entre el 10 y 15 de octubre de 2018 el arte va a ganar las calles marchando con el colorido típico de los pueblos originarios, y recorriendo varias cuadras del Centro para concluir en el Tajamar. La marcha de los bombos es un espacio de identidad cultural surgido a instancias del Indio Froilán y sus amigos en Santiago del Estero, que harán lo propio con la percusión y en varias “estaciones”, antes de concluir en el predio, derramarán canciones y bailes  junto a los musiqueros y bailarines altagraciences.

 

De talleres y costumbres ancestrales

El Indio Froilán Gonzalez es un habitante de sangre bien santiagueña, con rasgos norteños de manso y sabio. Deja una huella en el aire cuando habla y sonríe con franqueza. Es un reconocido hacedor de bombos muy popular en nuestro país y en muchos lugares del mundo por innumerables artistas que confiaron en él para el armado de ese instrumento que confecciona desde los 10 años bajo la atenta mirada de su padre, su gran maestro, del que heredó su técnica, y al que le agregó su talentosa magia. Junto a otros maestros artesanos como María del Carmen Toribio enseñará las técnicas del punto yica, una urdimbre tradicional del pueblo wichi. El Indio Froilán desplegará, a la vista del público, cómo se confecciona un bombo legüero con madera de ceibo, porque dice que su porosidad mantiene el eco del sonido y la convierte en única por su acústica propia. De Belén, Catamarca, las tejedoras Elinda del Valle Figueroa y Tamara Bordón darán un taller y demostración de “lista o guarda atada” en un telar criollo que ellas mismas montarán en el predio. De Concordia, Entre Ríos, Alejandra Franco modelará animalitos en arcilla y contará cuentos a su auditorio de pequeños. Desde El Cercado, provincia de Tucumán, la maestra Margarita Ariza dará un taller de “randa” (encaje).

 

Videos y películas de nuestra tierra

Hace 52 años, Gleyzer  y Prelorán, dos reconocidos cineastas, terminaban de filmar “Ocurrido en Hualfín”, un documental sobre la historia de Elinda y su familia. Un año antes, en 1965, Raimundo Gleyzer  hacía “Ceramiqueros de Traslasierra”, una historia de artesanos que trabajaban en cerámica con la familia López, de Mina Clavero, Córdoba, de Alcira y de Atilio y su descendencia. Y para el cierre visual, Los Wichis concluirán con “Los dueños del tiempo”, para que los artesanos asistentes y el público en general pueda disfrutar de las proyecciones.