martes, 29, septiembre, 2020

Es casi un sinónimo hablar de Carnaval en Brasil y de Río de Janeiro. La fama que se ha ganado la tiene bien merecida, pero en realidad cada rincón del país se transforma en una gran fiesta durante los días previos a la gran celebración y explota el lunes y martes de Carnaval, para ponerle punto final el Miércoles de Ceniza. 
Nunca me gustaron las grandes manifestaciones populares y las concentraciones de público en recitales o encuentros políticos, pero debo reconocer que superar el temor para poder disfrutar de uno de los festejos callejeros más impresionantes del mundo bien vale la pena.
Así me sucedió cuando pude conocer de cerca lo que significa el Carnaval para los brasileros, pero no cualquier carnaval, sino los del Estado de Pernambuco, al nordeste del país. Allí toda la actividad laboral se suspende el viernes a la tarde y se retoma el miércoles o jueves para que todos puedan ser parte de “los carnavales”, ya que no se trata de una sola celebración sino que en cada pueblo se festeja con improntas muy diferentes en cuanto al concepto, las influencias, los colores y los disfraces. Lo que los unifica es la participación de todos: chicos, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores, no hay distinción a la hora de divertirse. 

Cuando la inclusión es la palabra

En tiempos en que se habla tanto de la discriminación, y el “bullying”, deberíamos buscar ejemplos de convivencia armónica en donde la condición social, la edad o el color de la piel no signifiquen barreras sino una integración sin prejuicios. ¿Cuándo se vive eso? Pues nada más y nada menos que en el Carnaval, esas celebraciones que se remontan a varios milenios en la historia y que en Europa renace con fuerza en la lejana Edad Media para dar rienda suelta a la alegría antes de ingresar en el período de Cuaresma, los 40 días previos a la Semana Santa, época de recogimiento y tristeza de la Iglesia Católica.
Los disfraces ayudaban a ocultar identidades y rango social permitiendo libertades de todo tipo (sexuales, alcohólicas, etc.), algo que hoy en día se conserva en parte, aunque ya no es necesario ocultarse bajo máscaras para que no te reconozcan, sino todo lo contrario, hay que lucir con orgullo el disfraz y mostrarlo a todo el mundo.
Algo muy simpático que se puede ver en Pernambuco es que son muchos los grupos de amigos, parejas o familias enteras las que eligen un tema y todos van con el mismo disfraz, en versión femenina y masculina, lo que demuestra un trabajo coordinado y pensado desde meses antes.

El 9 de febrero será la apertura del Carnaval de Recife que tendrá como tema principal el 111 aniversario del "frevo", el más pernambucano de los ritmos y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. 

De la madrugada al atardecer

En Recife se vive el mayor desfile de Carnaval del mundo, y dado que se inicia a primera hora de la mañana, se lo conoce como “Galo Da Madrugada”. El movimiento de gente empieza entre las 7 y las 8 de la mañana quienes se dirigen hacia el punto de partida del desfile en el Fuerte de las Cinco Puntas, y son entre uno y medio a 2 millones de personas las que se ubican a lo largo del recorrido del desfile en un movimiento incesante desde su inicio a las 9 de la mañana hasta bien entrada la tarde, para dirigirse entonces a Marco Zero en el centro de Recife Antiguo donde se vive al ritmo del “frevo”, (ritmo local) casi toda la noche. 

Del desfile participan unas 70 carrozas alegóricas y “tríos eléctricos”, camiones que desplazan conjuntos musicales que van haciendo bailar a la gente durante su pasada. 
El original nombre de “Galo” se debe a que el símbolo principal es una gigantesca figura de un gallo que preside el desfile, “el mayor del mundo” según consta en los records Guinness del año 1995 cuando reunió más de un millón y medio de asistentes, continuando el crecimiento hasta superar los 2 millones en el 2015. 
El sol pega fuerte en el nordeste brasilero y la bebida fría es una necesidad casi imperiosa para soportar las largas horas con más de 35 grados. Pero como estamos en Carnaval no es agua lo que se toma en mayor medida sino ¡la cerveza! De allí que a medida que avanza el día puedan verse algunos que no soportaron la combinación calor-alcohol y deben ser atendidos en algunas de las muchas ambulancias y puestos de sanidad que se ubican a lo largo del recorrido.

Tierra adentro 

Quien quiera experimentar otro tipo de festejo de Carnaval puede dirigirse tierra adentro al municipio de Nazaré da Mata a 50 kilómetros de Recife, la capital del Estado, lejos del mar y rodeado de serranías. 
También habrá que ir bien temprano, pero el día martes, que es cuando se realizan los principales desfiles de las agrupaciones folklóricas que llevan el nombre de “maracatus”, un ritmo musical y tradiciones traídas por los esclavos africanos a inicios de la colonización del Brasil y que hoy conforman unas 32 agrupaciones que pueden diferenciarse entre Maracatu Rural y Maracatu de Baque Solto. En las primeras se distinguen los disfraces coloridos de unos personajes que llevan unas grandes “pelucas” o gorros hechos con cintas de colores que a veces cubren toda la cabeza y que llevan el color de su guía espiritual (oxum). En los segundos el desfile es presidido por el cortejo real, quienes se identifican con una bandera o estandarte con el nombre de la agrupación, le siguen las bahianas, las “esclavas” y los músicos con sus instrumentos de percusión que van marcando el ritmo. 
Acá también los asistentes se esmeran en llevar sus disfraces ¡y no son pocos! Se calcula que cada día del Carnaval son más de 10 mil las personas que llegan a vivir la fiesta.   
Más desfiles
Otra localidad de Pernambuco que sabe vivir a pleno los carnavales es Bezerros, a 100 kilómetros de la capital, Recife. Aquí los personajes que desfilan y le dan identidad se conocen como “papangús”. Se trata de personajes nacidos a fines del siglo 19 cuando los esclavos se disfrazaron y cubrieron sus rostros con máscaras realizadas con la corteza de un árbol y que pintaban para ocultar sus identidades. Las máscaras son entonces parte fundamental de la vestimenta, que en la actualidad se realizan en papel maché y se visten con largas túnicas, de los pies a la cabeza, quedando totalmente cubiertos, pues la meta es esconderse, para divertirse sin ser identificados.  
La gran fiesta de Bezerros es el domingo de carnaval cuando la ruta se va llenando de papangus desde bien temprano, (recordemos que el calor es terrible y en esta localidad la mayor altura, unos 800 metros, lo potencian). Siempre como en todo el estado la música es fundamental y los tríos eléctricos acompañan a los grupos que desfilan por las calles de la ciudad hasta la Plaza de la Bandera, donde todos convergen.
 

Relax tras el frenesí

Para bajar la adrenalina del ritmo sin descanso de los carnavales de Brasil, Teresa De la Torre, Gerente de Producto de Brasil de Top Dest, recomienda combinar la experiencia con un una estadía de total relax en algunas de las bellas playas de Río de Janeiro, Buzios o Salvador de Bahía, por ejemplo “saliendo del epicentro de los festejos ya que los hoteles durante el Carnaval suelen ser mucho más caros cuanto más cerca están de los desfiles”. Como operadores mayoristas especializados en Brasil ponemos mucho hincapié en la seguridad de los turistas y recomendamos cuenten con el asesoramiento de un agente de viajes profesional para disfrutar de los carnavales sin sobresaltos.