martes, 29, septiembre, 2020

Hablar de Venecia es hacerlo desde la historia, el arte, y la cultura. Pero también desde lo único de su ubicación ya que está construida sobre unas 118 islas al norte del Mar Adriático. En su haber, cuenta, por ejemplo, con el Gran Canal, de cuatro kilómetros de longitud, que es la autopista acuática que conecta las diferentes áreas de la ciudad, con la Basílica de San Marcos como el centro de la vida social y religiosa, ubicada junto al Palacio Ducal.
Pero también es el Carnaval, una majestuosa tradición local que con los siglos adquirió un carácter de clásico, y convoca a miles de turistas de todas partes del mundo para vivir una gran experiencia y dejarse embriagar por el ambiente entre mágico y surrealista de sus máscaras y disfraces. 


Se estima que el Carnaval logró su máximo esplendor en el S XVIII. En aquel entonces, sostienen, no eran pocos los concurrentes ligados a la aristocracia europea que buscaban divertirse. Lo normal, entonces, era que los príncipes y los nobles asistieran con disfraces que desdibujaran su clase social y les permitiera mezclarse con el pueblo sin despertar sospechas o comentarios mal intencionados, cuestión que terminaba siendo inevitable. Recordamos que hace 300 años la densidad de la población era infinitamente menor que la actual. O sea, eran pocos y se conocían mucho, y no había anonimato que valga. 
No está de más aclarar que esta fiesta durante años (siglos dirían otros) fue la vía de escape de los habitantes locales para evadir la presión y el agobio del gobierno de turno y momento en que la gente común del pueblo pudiera sentirse otro, aunque sea unos días al año.   
El dato de color y anecdótico: se cree que esta celebración se originó en 1162 tras una victoria militar del entonces Dux de Venecia, pero fue prohibida durante la ocupación de Napoleón Bonaparte en 1797.
Al parecer el motivo no era otro que su afamado temor a que se generasen conspiraciones en su contra. 
Con el correr de las décadas, el folklore fue reestablecido, al igual que el color y la algarabía. Finalmente, se restauró de manera oficial y definitiva en 1979 creciendo desde entonces en popularidad y fama.

Temporada nueva, celebración nueva

Como si fuera un cuadro de Canaletto, reconocido pintor de paisajes urbanos, durante diez días (entre febrero y marzo) en Venecia se despliega una parafernalia única de trajes y máscaras, de color y tradición, de algarabía y cultura. 
Las millones de fotos que hoy se multiplican rápidamente en las redes sociales retratan de manera explícita la alegría que se vive en la ciudad durante esos días. Los visitantes que hayan tenido la precaución de reservar alojamiento con varios meses de antelación podrán participar en alguno de los bailes de máscaras, desfiles de góndolas en los canales, del concurso para elegir a la reina y otras celebraciones en distintos lugares de la ciudad. 
En la Plaza de San Marcos transcurren la mayoría de los espectáculos más convocantes como el Desfile de personajes en trajes de época, aunque en toda la ciudad se encuentran músicos, actores que invitan a participar de la magia de esta fiesta.

Como el Carnaval en Venecia coincide con el invierno europeo hay que preveer el clima frío y abrigarse para pasar muchas horas al aire libre.  

 

El infaltable

El hito inicial del evento es el reconocido y popular “Vuelo del Ángel”. En una tradición que tiene sus raíces en el Renacimiento y cuya protagonista es la Reina del Carnaval del año anterior, quien se lanza sujeta por arneses y colgando temerariamente de unos cables que atraviesan (¡a unos 80 metros de altura!) toda la plaza desde el campanario de San Marcos hasta el centro de explanada donde es aguardada por una multitud.