martes, 24, noviembre, 2020

Los argentinos comenzamos a conocer a los neerlandeses gracias al fútbol. A fines de la década del 70 su seleccionado nacional, la “naranja mecánica”, fue uno de los más duros rivales que tuvo nuestro seleccionado en la final de 1978 cuando conseguíamos nuestra primera Copa del Mundo.  
Fue por entonces que quienes viajaban hasta el viejo Continente y pasaban por Ámsterdam se quedaban asombradísimos de lo desenfadados que eran en algunos temas como la sexualidad, ya que por aquella época ya era famoso el Barrio Rojo donde las mujeres se exhibían en las vidrieras de los locales como cualquier otra mercadería, sólo que lo que vendían era sexo. 
Mientras que en el resto del mundo se condenaba hasta con prisión el consumo de la marihuana, la ciudad habilitó los “coffee shops”, que en realidad no vendían variedades de cafés sino de hierba, con uso exclusivamente recreacional. Algo que desde el sur del continente americano se veía como otra muestra del liberalismo de la sociedad. 
Todo eso puso a esta ciudad de Holanda en la mira de muchos turistas que llegaban en busca de una sociedad de criterios más amplios que la que existía en Argentina (recordemos que por entonces no había Ley de Divorcio, ni de Matrimonio Igualitario, ni cambio de sexo por ejemplo), pero terminaron por descubrir muchísimo más y fue cambiando el imaginario popular hacia la verdadera Ámsterdam: una ciudad moderna, respetuosa del orden social, avanzada en principios de tolerancia religiosa, identidad sexual y convivencia con el otro. Y como si eso no fuera suficiente existen muchísimas atracciones culturales.

Un holandés enojado
Entre los muchos desconocidos que uno sigue en Instagram, por ejemplo, cruzamos nuestra afición a los viajes y a los aviones con un piloto comercial que es nativo de Ámsterdam y en su blog explica a quienes lo siguen porqué no hay que decirles holandeses a los holandeses. Como resulta muy interesante la data que aporta le adjudicamos el crédito y les contamos cuál es la explicación para no caer en un error muy común. 
Raymon (pilotRaymon en Instagram) le explica a sus seguidores que el país del cual él es nativo se denomina The Netherlands, (Países Bajos), que está dividido en 12 provincias entre ellas Holanda del Norte y Holanda del Sur, y tanto Rotterdam como Ámsterdam están dentro de Holanda del Sur, de allí la confusión. Ahora que ya sabemos algo más de este país y su geografía volvamos a recorrerla. 

Ciudad de canales 
La ciudad no es muy grande, si la comparamos con Buenos Aires por ejemplo, y por eso mismo es perfecta para recorrerla a pie, o en tranvía, pero nunca, nunca, en bicicleta. ¿Por qué? se preguntarán, si todo el mundo va en bicicleta por la ciudad, y la respuesta es justamente por eso: son miles las personas que se trasladan de un punto a otro de Ámsterdam en las dos ruedas, (¡siempre por las que nosotros llamaríamos bicisendas!) pero como las conocen a la perfección pedalean a toda velocidad y se llevan el mundo por delante. Si un turista elige ese modo de pasear lo más probable es que entorpezca la circulación y se lleve de recuerdo algunos golpes, y hasta insultos, eso sí en Dutch (u holandés). 
Al estar cruzada por infinidad de canales lo más habitual es perderse, especialmente en las zonas peatonales, cercanas a la Estación Central, punto de inicio de cualquier recorrido, pero no es demasiado grave. Desde allí uno puede ir hacia la Plaza Dam, la más importante de Ámsterdam, donde encontrarán puestos de comida callejera, verán el Palacio Real de Ámsterdam y la iglesia Nieuwe Kerk. Si bien el Palacio no es la residencia oficial del Rey Guillermo y la Reina Máxima, en determinadas ocasiones se utiliza para recepciones oficiales, así que difícilmente se la encuentren si deciden recorrerlo. Eso sí, tengan en cuenta que las visitas guiadas deben reservarse al menos dos semanas antes. 
En cuanto a los museos es imprescindible visitar el de Van Gogh y el Rijksmuseum. Como están uno casi frente al otro es posible ir a la mañana a uno y a la tarde al otro, sólo para darles un rápido vistazo ya que sería imposible una visita a fondo de estos dos grandes reservorios del arte mundial, pero vale la pena. 
Infaltable es la visita a la Casa de Ana Frank, un recordatorio de lo cruel que puede ser el ser humano cuando se lo propone. Rememorar la vida de la niña que debió enfrentar una de las etapas históricas más terribles de Europa y leer algunos fragmentos de su Diario en el mismo lugar donde lo escribió es movilizante. Un consejo: adquieran las entradas por internet, se ahorrarán horas de cola para poder ingresar. 

Navegar por la ciudad
Una de las maneras más sencillas de hacer una visita panorámica es en una barcaza mientras se va escuchando una audioguía en español. Gracias a esto conocerán muchas cosas que de otra manera pasarían desapercibidas.

Comer y beber

Quesos de todas las formas y aromas abundan en los comercios especializados que se encuentran por toda la ciudad. Sería imposible resistirse a ellos. Ya sea en un sándwich o formando parte de una comida, todos son absolutamente fabulosos. Y algo que no debe quedar aparte: el pan debe ser uno de los secretos mejor guardados de los neerlandeses ya que son deliciosos. 
Siempre habrá a mano una buena cerveza, y es muy habitual que nos sorprendan con vinos argentinos en los bares y restaurantes (efecto Máxima!) así que nadie quedará insatisfecho a la hora de saciar la sed. 
Si se atreven y quieren vivir una experiencia inolvidable en algunos escaparates podrán ver unas botellas de Vodka con Cocaína y Cannabis. Eso sí no sabríamos decirles si son legales en Argentina.